miércoles, 29 de abril de 2020


PARTIR, LLEGAR.


Yo quisiera escapar, escapar  y no se adonde. Quisiera irme lejos, muy lejos donde nadie, ni yo mismo, me encuentre, donde no sepa donde esté. Quisiera caminar con pasos rápidos. Correr con pasos lentos. Quisiera echar a andar y no parar nunca. Quisiera escapar de lo que me encallejona , dejar lo que me aprisiona,  lo que me contiene,  lo que no me deja salir. Quisiera irme cuando no haya luz que ilumine mi camino. Cuando todo sea oscuro, para poder extraviarme, perderme. Quisiera escapar de todos, para que nadie pueda verme nunca más. Quisiera escapar de mi mismo. Abandonarme, despojarme, dejar este cuerpo tirado a la orilla del camino, como quien abandona un trapo viejo, para que se consuma en sus miserias, en sus mezquindades, en sus angustias, en sus deseos, en sus ansias de no ser nada. Quisiera tomar una ruta que me conduzca al mar. Para oírlo bramar, sentir su sal en mi boca, desgastar mis ojos en su inmensidad. Quisiera serpentear una camino que me lleve a la montaña. Para escuchar su silencio, develar sus secretos, asustarme con sus misterios. Quisiera errar en el desierto para que el sol  me abrase,  me despelleje,  me seque de sed. Quisiera tramontar el páramo para que su frío me erice la piel, su niebla se meta en mi boca y su silencio pastoree mis sueños. Yo quisiera irme tan lejos que no pueda regresar. Quisiera emigrar en un vuelo de pájaros, en un aleteo de mariposas, en un cardumen de sardinas, en una caravana de hormigas, en una lamina de lluvia, para que todo quede atrás. Quisiera cabalgar una nube  y dejarme llevar por el viento, al garete, sin norte, sin rumbo. Quisiera viajar en un murmullo de voces, en un repicar de ecos, en un destello de luz, en un mar de silencios, en una negrura de noche, en un parpadeo de estrellas. Quisiera esconderme, sepultarme, desaparecer, para no saber de nadie, nunca más. Para que no me busquen, no me miren, no me oigan, no me hablen, no me vean. Quisiera dejar de estar. Ya no ser. Quisiera partir. Partir raudo, veloz. Partir ahora mismo. No esperar mañana. Partir solo, ingrimo. Sin más compañía que yo mismo. Ligero, muy ligero de equipaje, sin pesos, ingrávido, sin fardos inútiles que demoren mi viaje.  Casi desnudo. Así puedo caminar más rápido, llegar más pronto. ¿Llegar?  ¿Llegar a donde? EFO

miércoles, 15 de abril de 2020




EL LOBO DEL MIEDO.

A veces quisiera ser como el caballo de espuma que trota en el mar, como la raya que deja en el río el ave cuando volando  bebe, como las manos en una noche de novios: trémulas, ansiosas, indomables, codiciosas.  Pero se que no soy así. Soy solo un prisionero de mis dudas, un esclavo de mis deseos, un prófugo de mis temores, un enamorado de mis sueños. Soy el guardián de mis miedos, de mis pesadillas, de mis ansias. A veces quisiera ser otra persona distinta, distinta a mi, nueva, recién nacida,  pero se que nunca seré eso. Siempre seré lo que soy: un ángel que custodia un demonio, que algunas noches saca a pasear al lobo del miedo.
Un lobo que aúlla de rabia, que mira con ojos de furia, que babea, saboreando de antemano la carne que destrozará. Un lobo negro, grande, fiero, fuerte. Un lobo que vive en mi cuerpo, que mora en mi alma, que espía mis actos, que dicta mis acciones, que se enseñorea en mi. Un animal al que quisiera expulsar, matar, no volver a ver. Pero temo que no esté nunca más, que se vaya, que me deje. Soy un prisionero de ese lobo, de su soledad, de su angustia, de su ansiedad, del resplandor de luna que platea su cuerpo, del olor a sangre que eriza su piel, de su mirada que hipnotiza, que atemoriza, del blanco de sus dientes que prometen el dolor de un mordisco.
Todavía no se cuando esa fiera terrible se posesionó de mi, cuando entró a mi cuerpo. Quizás lo hizo una de esa noches en que conjuré a mis demonios, a esos que me persiguen desde niño, a esos que me asustan desde siempre. Quizás lo hizo una mañana cuando, prisionero de mi mismo, renegué de mi fe. O quizás  fue la tarde en que despedí a mi ángel de la guarda, ese de pelo largo que me espía desde el día en que nací. De todas formas ya no importa ni cuando, ni como, pues desde cuando y como sea está ahí, dentro de mi. 
Muchas veces pienso que puedo domar al lobo.Y lo intento. Desecho mi temor. Lo rodeo. Lo miro a los ojos. El me mira, con su mirada amarilla, siniestra, pareciera que se riera. Siento que me averigua, que me disecciona. Silencio mis gritos. Nos quedamos quietos. El uno frente al otro. Midiéndonos, calibrándonos, hasta que uno de los dos rompe el hechizo. El muestra sus fauces y yo develo mis fantasmas y todo vuelve al lugar de donde salió: siento en mi mano el roce del cuero de la correa y se que de nuevo paseo al lobo. Se que  solo soy un cautivo, un ángel que custodia un demonio. EFO.

jueves, 2 de abril de 2020




EL GRAN MIEDO


Las fobias son miedos intensos e irracionales de los que no es posible liberarse incluso cuando no existe un peligro real. En una fobia específica, el miedo, la ansiedad y la evasión se centran en determinados objetos, actividades o situaciones, quienes las sufren reconocen que no pueden controlarlos. Un trastorno fòbico se distingue porque produce ansiedad abrumadora. Las verdaderas fobias causan vómito, carreras sin control o desmayos. Para que haya un trastorno fóbico se requiere que el miedo altere la vida diaria. Los fóbicos se sienten tan amenazados que harán hasta lo imposible para evitar el objeto o la situación temida.
Las fobias específicas son un tipo de trastorno de ansiedad, en el cual una persona puede sentirse extremadamente ansiosa o tener un ataque de pànico cuando es expuesta al objeto del miedo. Las fobias comienzan a desarrollarse en promedio a los trece años y las mujeres son dos veces más propensas que los hombres a sufrirlas. 
La fobia, como consecuencia de un miedo aparentemente consciente acompañado de un componente ansioso, puede expresarse de muchos modos. Existen tantas fobias como personas, ya que cada individuo puede desarrollar una fobia a cualquier cosa.
Entre las mas comùnes destacan la  Agorafobia (miedo a los espacios abiertos), Claustrofobia (miedo a los espacios cerrados), Patofobia (miedo a la enfermedad), Zoofobia (miedo a los animales), Triscaidecafobia (miedo al número 13) y entre las màs raras, Ginofobia (miedo a las mujeres), Androfobia (miedo a los hombres), Penterafobia (miedo a la suegra), Telefonofobia (miedo a celulares), Nomofobia (miedo a salir de casa sin el celular), Catagelofobia (miedo al ridículo), Novercafobia (miedo a las madrastras), Trihexafobia (miedo al número 666), Tripofobia (miedo a los agujeros) y la madre de todas las fobias: Panofobia (miedo a todo). 
El miedo es una sombra que nos acecha, que està siempre presente, aunque no siempre se manifieste. Aparece cuando nos sentimos amenzados y nos advierte que debemos ponernos a salvo, que tenemos que evadir lo que nos amenaza. Es la ansiedad que sentimos al pensar obsesivamente en una situación o actividad que tememos y que está pendiente de ocurrir.
El miedo es un frìo, que sube por las piernas, se aposenta en el estomago y nos atenaza el corazòn. Pero el verdadero miedo es tener miedo al miedo, lo que equivale a vivir con los recuerdos temerosos del pasado que proyectamos hacia un futuro incierto. 
El pasado es una carga que sobrellevamos. Un pasado luminoso, lleno de gratos recuerdos, plagado de agradables experiencias vividas, nos reconforta, por el contrario un pasado pesaroso nos atormenta, nos amenaza. Desechemos el miedo y para hacerlo empecemos por hacer las paces con nosotros mismos para luego perdonarnos y finalmente comprometernos a mejorar. Es la ùnica forma de continuar viviendo. EFO




miércoles, 1 de abril de 2020





 EL MUNDO ES TESTIGO


La Obsesión es  una perturbación anímica producida por una idea fija, que con tenaz persistencia, asalta la mente. Este pensamiento, sentimiento o tendencia, aparece en desacuerdo con el pensamiento consciente de la persona, pero persiste más allá de los esfuerzos por librarse de él; es una preocupación que domina y acapara la atención intelectual y que siempre va acompañada de un penoso sentimiento de ansiedad. Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes invasivos, persistentes e indeseados, que provocan angustia o ansiedad, conllevan un patrón de pensamientos y miedos irracionales que hace tener comportamientos repetitivos, interfiriendo en las actividades diarias y causando gran perturbaciòn.





DE MERLIN  A VOLDEMORT


La magia es el conjunto de conocimientos y prácticas con los que se pretende conseguir cosas extraordinarias o resultados contrarios a los de las leyes naturales, valièndose de la ayuda de seres o fuerzas sobrenaturales, y haciendo uso de ciertos actos o palabras.
La magia puede ser blanca o negra, lo que equivale a decir buena o mala. La magia blanca busca alejar los malos espíritus y librar a las personas de hechizos y maleficios. La magia negra intenta conjurar y someter los malos espíritus y las fuerzas maléficas ocultas para causar daño a los demas. La magia negra  se obtiene por la realización de rituales que producen infortunio, enfermedades o cualquier otro daño, mientras que la magia blanca se usa con otros propósitos como sanación, prosperidad, bendiciones. La magia negra se utiliza para hacer un mal a alguien, vengarse de un enemigo, arruinar a la competencia. Dentro de la magia blanca encontramos los sortilegios de protección, los hechizos catalizadores de la buena suerte y las invocaciones, generalmente con la ayuda del humo del incienso, que se hacen en honor de las entidades protectoras de los magos. En la magia negra se recurre a los sacrificios y los hechizos que atan. La magia blanca serviría para neutralizar el daño de la magia negra y actuar en beneficio del individuo o del mundo.
La magia desata un cumulo de fuerzas poderosas que escapan al conocimiento y control del humano comùn. Su practica està reservada para los iniciados en esas artes. Los neofitos en la materia apenas podemos acariciar una idea de sus alcances y temer sus efectos.
Merlin, el mitico consejero de Arturo Pendragon, podìa hacerse invisible y controlar los elementos; Voldemort, el que no debe ser nombrado, era maestro en las artes oscuras y artifice de cruentos padeceres. Ambos representan la eterna lucha del bien contra el mal personificando el amor y el odio, esos extremos presentes en nuestra naturaleza humana, y que rigen  nuestro diario acontecer. El bien y el mal son elementos contrapuestos que viven en nosotros y a los cuales estamos obligados a considerar a lo largo de nuestra vida. Bien y mal son opciones a las cuales nos enfrentamos y de cuya escogencia dependeràn, en gran medida, los acontecimientos futuros que tengamos que arrostrar. Oligados a tomar un camino, debemos siempre optar por aquel que nos conduzca hacia la elevaciòn espiritual, el que aquilate nuestra alma y nos haga crecer como personas. Si tenemos que decidir entre Merlin y Voldemort, entre lo negro y lo blanco, escojamos la luz y desechemos las sombras. EFO.