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domingo, 9 de agosto de 2020






EPÍSTOLAS DESVAÍDAS




4 de Febrero de 1971... no soporto esta ausencia que me corroe el alma. Ya no quiero seguir viviendo, noche a noche, día a día sin ti, obligada a vivir con el.

15 Agosto de 1973... hoy al despertar me hirió el olor de su cuerpo junto al mio, añorando el tuyo, que se despierta cerca de aquel que dice quererte, pero que tu no quieres.

12 de Octubre de 1974... Anoche fue una noche mágica. Al fin, pudimos compartir el tiempo hasta agotar las horas en el reloj. Nos extasiamos viendo como las luces retozaban en las aguas inmóviles para zozobrar luego en las sombras y sentí navegar en mis labios el sabor de tus besos. Dejé que, con tu mirada,  desvistieras mi cuerpo y que aprendieras de memoria el camino del deseo. El día nos asustó con su brillo, ese ladrón de  nuestra hasta ahora felicidad, nos devolvió a la indeseable realidad.

7 de Enero de 1975... me creerás si te digo que no pude. Lo intenté una y otra vez pero no pude. Por más que me esforcé no reuní el valor para decirle que se terminó, que amo a otro, que no lo quiero.

15 de Mayo de 1975... Otro día contigo. Me arden los ojos de tanto verte. Me duele la boca de tanto besarte. Eres mi luz. Eres mi sombra. Eres mi vida. Me abrazo a tu piel, como la hiedra a la pared.

25 de Marzo de 1976 ...se terminó. Ya lo sabe. Ayer me pidió que me fuera, que la dejara sola. Me dijo que no quería seguir viviendo con quien no la quiere.

5 de Abril de 1976... Donde estás. Porque no contestas mis cartas y no atiendes  mis llamadas. Hoy se cumplen diez días sin verte y ya no puedo vivir. Me duele respirar.

7 de Junio de 1977... Gracias por existir para mi.

6 de Julio de 1977...  lo he pensado muchas veces. Mi decisión no es apresurada. Lo mejor es terminar, acabar esta relación que nos hace daño y que ya no aguanto. Debemos marcar distancia entre los dos. Separarnos.

10 de Diciembre de 1978... Luisa, me dijo que regresaste. Todavía no comprendo por que te fuiste.

15 de Diciembre de 1978... Hoy te vi cruzar la esquina. Quise llamarte, pero tuve miedo que tu corazón no me oyera. Llámame. Tenemos que hablar. 

20 de Febrero de 1981... Ayer, aunque nos cueste creerlo, cumplimos 10 años y todavía no he podido acostumbrarme a esta normalidad sin ti, a esta normalidad contigo. Las horas se vuelven años y los años siglos. A veces reúno el valor suficiente para renunciar a esta locura, pero basta una sola de tus miradas para desistir de mis propósitos,

18 de Mayo de 1983... Le pedí el divorcio y dijo que no. Hablamos como amigos. Se niega a renunciar a mi. Dice quererme tanto que es capaz de soportar lo que tenga que soportar. Hicimos un pacto.

16 de Abril de 1994...  Nos miramos largamente. El abrazado a tu hijo, yo soldado al piso. Entre ambos sólo mediaba tu ataúd. Los dos compartimos el mismo dolor como te compartimos cuando vivías. El se quedó sin tu compañía, quizás lo único que tenía. Yo me quede sin tu amor, todo lo que poseía. En el paroxismo de mi amargura se me ocurrió pensar que al final gané la partida, porque conservo de ti todo, mientras que el no tiene nada. Su casa y su alma están pobladas de malos recuerdos. Pero ese pensamiento insensato se justifica solo por el desconsuelo que hoy me plena y por la certeza de saber que cuando muera, donde quiera que nos encontremos, no tendré que compartirte ni con el, ni con nadie, nunca jamás.  EFO.

miércoles, 20 de mayo de 2020

MISERIA

Bálsamo para corazones rotos



Hasta a mi llegó el eco lastimero de tu voz, reclamando paz para tu corazón herido. Miseria es lo que dices tener. Miseria de besos. Miseria de amor. Miseria de todo. No niña tu tienes mucho mas que eso, tu tienes un mundo de ilusión dentro de un cuerpo de fantasía. Tu eres dueña de una alma pura, a la que tu dolor se empeña en vestir de harapos. El amor que anhelas está dentro de ti. No lo busques donde no vive. No lo busques, el se te revelara, plenándote totalmente. El amor, niña es un ente volátil, escurridizo. El amor  no obedece a nuestra  voluntad, ni cede a nuestros impulsos. El amor es ingobernable, inatrapable. El amor es un duende mágico, travieso, que toca  a quien quiere, cuando quiere. Miseria es ausencia, ayuno, falta. Y tu tienes mucho para dar. Deten tu mirada en el espejo y mirate, no te veas, y descubriras a quien realmente te habita. Es un ser escondido, del que conoces poco. Es un ángel de luz  que permeó tu cuerpo. A ese ente lo construistes día a día con tu accionar, el es producto de tus pensamientos, de tus deseos, de tus anhelos. El eres tu. Y creeme, es maravilloso. Quienes dijeron amarte, aquellos que llenaron de quimeras tu mundo, los que no valoraron lo que le ofreciste, no te merecen, pues nunca te quisieron. Ellos quisieron, amaron, valoraron al otro tu, no al verdadero, a ese que està escondido y que solo se muestra cuando se te mira, no cuando se te ve. Con ellos estás a mano. Tomaste lo que te dieron, cuando lo hicieron. Satisfaciendo tus ansias, saciando tus apetencias. Esa copa ya está vacía. No lamentes lo que nunca tuviste. No añores ausencias. No es tiempo de duelo, es época de epifanía, de nuevos amaneceres. Prepárate. Ya la aurora anuncia la salida del sol, la llegada de la luz. Atrás quedaron las sombras, el  brillo de tus ojos las desvanecieron, el rojo de tus labios las opacaron, la sinuosidad de tu cuerpo, las desdibujaron. Abre tu corazón a la vida que recién comienza y espera, sin ansias, sin prisas. Y mientras llega araña el cielo cada noche buscando estrellas perdidas para tejer un manto que cubra la desnudez de tu alma y si es necesario llorar, hazlo con la  lluvia, ella sabe de llantos, lo hace desde siempre, desde que aprendió a cubrir los campos de guerra que el hombre sembró de muerte. Hazlo con el viento, viejo partero de susurros en los callejones oscuros, esos que frecuentan los enamorados. Hazlo con la luna, testigo de traiciones y amoríos. Llora y deja que las lágrimas laven tus penas. Después ríe, deja que la risa te cubra, te acaricie, te llene y recuerda: cada vez que te sientas triste, mirate al espejo y el te devolverá dos imágenes, la tuya y la mía. EFO

miércoles, 1 de abril de 2020





 EL MUNDO ES TESTIGO


La Obsesión es  una perturbación anímica producida por una idea fija, que con tenaz persistencia, asalta la mente. Este pensamiento, sentimiento o tendencia, aparece en desacuerdo con el pensamiento consciente de la persona, pero persiste más allá de los esfuerzos por librarse de él; es una preocupación que domina y acapara la atención intelectual y que siempre va acompañada de un penoso sentimiento de ansiedad. Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes invasivos, persistentes e indeseados, que provocan angustia o ansiedad, conllevan un patrón de pensamientos y miedos irracionales que hace tener comportamientos repetitivos, interfiriendo en las actividades diarias y causando gran perturbaciòn.


miércoles, 15 de enero de 2020





EL AMOR EN PLUSCUAMPEFECTO


Un amor no tenido, pero siempre deseado, es un amor frustrado. Es una aspiración consentida. Es un deseo insatisfecho. Es un querer tener y un nunca poseer. Esos amores pueden ser efímeros, de corta existencia, cuando así sucede se quedan habitando el mundo de las ilusiones, pero también pueden ser permanentes, ocupando un espacio importante de nuestro tiempo vital, pudiendo transformarse en obseciones, llenándonos de desesperanza, colmándonos de inquietud.
Los amores deseados, pero nunca consumados, son como viajeros detenidos en una estación, a la espera de un tren que demora su llegada, convirtiéndola en un eterno retraso, en un nunca jamás.
Esos amores algunas veces son producto de una pasión nacida al calor de una mirada, de un frase, de un mohin, de un gesto mal interpretado o de una conducta permanente que despierta admiración perpetua. En otros casos son amores contrariados, prohibidos, no consentidos. Son queridos por ambos, pero imposibles de realizar pues las circunstancias así lo determinan y como consecuencia de ello los dos deben sobrellevar su carga de desconsuelo.
Un amor no tenido, pero siempre deseado, puede mantenerse en nosotros por mucho tiempo y en algunos casos obligado a convivir con otros afectos, con otras pasiones, condenado a permanecer latente, suspendido, esperando el momento de hacerse real, de concretarse. El amor no tenido es independiente de la aceptación o no de parte del ser amado. Un amor no tenido puede ser, en muchas ocasiones, un sentimiento en solitario, una pasión única, alimentada por una sola persona y en algunos casos ignorada por el ser amado quien no se entera de la intensidad del sentimiento que provoca en el otro. Hay amores no tenidos que se convierten en amores correspondidos, al ser revelados pues viven en  ambos, pero han permanecido cubiertos con un manto de indecisión, de dudas, de temores a ser rechazados. Esos amores son comunes entre amigos que comparten penas y alegrías, entre compañeros de trabajo, entre aquellos que se miran a distancia, que no se comunican, pero  alientan la esperanza de ser próximos, cercanos y solo esperan que se haga la magia, que se encienda la luz. Tras cada amor no tenido hay un vacío, un dolor, una angustia, pero también una esperanza, un deseo, una aspiración sentida, pero nunca una renuncia, pues lo que lo caracteriza es su perseverancia, su permanencia, su perenne aspiración de convertirse en realidad.  Un amor así es un amor pluscuamperfecto, en modo subjuntivo.  EFO.

sábado, 28 de diciembre de 2019





UN VIEJO AMOR...


Hay amores que se quedan estacionados en el tiempo. Detenidos en nuestro corazón. Quietos, silentes, mudos, pero vivos. Esos amores resucitan de vez en cuando, reaparecen buscando retomar su cauce, llenar un espacio, vivir otro tiempo.  Son amores que nunca quisimos abandonar o de los que nos despedimos en silencio, sin estridencias, sin querellas. Simplemente los dejamos ir, como quien despide a un viajero, a alguien a quien queremos mucho, pero que no podemos, o no debemos retener.
Esos amores están plagados de buenos recuerdos, de agradables añoranzas, de deseos insatisfechos, de mudos arrepentimientos. Algunas veces podemos revivirlos, retrotraerlos al presente, avivarlos, hacerlos renacer. Otras, simplemente es imposible volver a vivirlos. El tiempo agotó esa posibilidad.  Solo nos queda mirarlos desde lejos, acariciarlos con un pensamiento dulce, con un recuerdo grato.
A veces la vida nos da una segunda oportunidad y vemos reverdecer aquel sentimiento que creímos marchito. Por azar o convicción nos volvemos a juntar para empezar otra vez. En algunos casos, los más afortunados, ese nuevo comienzo es el definitivo, marcando una unión duradera. Pero no siempre la diosa fortuna se muestra benévola con nuestras apetencias, y la reconciliación se convierte en un nuevo adios, esta vez para siempre, pues la experiencia fallida nos indica que no es prudente consentir otro acercamiento. En otros no se da el reencuentro pues las circunstancias no lo permiten, frustrando así nuestros deseos. Construimos un sueño basado en nuestras suposiciones sin considerar la realidad  de aquel a quien añoramos. Damos por hecho que ese amor nos espera y que basta con desearlo para tenerlo nuevamente, pero en muchos casos el presente del otro supera nuestra imaginación. Y nos encontramos con una persona distinta a la que conocimos, que vive otro momento, quizás en otra compañía.
Hay otros amores que también  quedaron estacionados en el tiempo, pero no queremos revivirlos.  Esos amores nos causaron un gran dolor, nos llenaron de inquietud, nos hicieron daño. A algunos de ellos los añoramos con tristeza, a otros con rabia, con impotencia. A esos los miramos a la distancia, no dejamos que ocupen un espacio permanente en nuestra mente. Los mantenemos alejados de nuestros recuerdos, pues sabemos que acercarlos, es volver a sufrir, pues su cercanía nos lastimaría.
Los sabios, aquellos que nos iluminan con su conocimiento, nos dicen que a veces es mejor no remover el pasado, dejar las cosas como están, pero los inconformes, los que se rebelan en contra de los sabios nos piden que lo intentemos, una y otra vez, pues ... "un viejo amor, ni se olvida ni se deja, un viejo amor de nuestras almas si se aleja, pero nunca dice adios."  EFO.



martes, 24 de septiembre de 2019




LA VUELTA EN U


A riesgo de parecer ridículo debo decir que presentí tu partida. Supe, mucho antes que lo dijeras, que habías tomado la decisión de abandonarme, de dar por terminada nuestra relación, de irte. Al marcharte confirmé lo que siempre intuí. No fue difícil vaticinarlo. Muchas cosas así lo indicaban. Lo supe cuando noté un cambio en tu mirada, cuando  la tuya empezó  a esquivar la mía, cuando desistimos en mirar lo mismo, cuando evitamos vernos. Lo supe cuando tu voz dejó de acariciarme, para empezar a rasguñarme, a lastimarme con su tono, a herirme con sus sátiras, a culparme por lo que dejaste de sentir. Lo entendí cuando tu cuerpo se rehusó a maridar con el mio, cuando comenzaste a marcar distancias en la cama, separando las almohadas, mezquinando los abrazos, cancelando la intimidad. Lo comprendí cuando ya no quisiste compartir una taza de café, cuando renunciaste a escucharnos, a olernos, a tocarnos, a  llorar las mismas penas y a reír iguales alegrías. Lo demás fue historia. Secuelas de esos primeros actos. Consecuencias, efectos de esas causas. Hasta que al final pactamos un adios sin estridencias, sin gritos, sin sorpresas. Te fuiste sin voltear a mirarme, simplemente cerraste la puerta tras de ti asordándome con tu partida. Y yo me quedé sin asombro, mudo espectador de un drama cuyo final siempre esperé. Ahora solo tenemos para compartir, un saco de recuerdos, un bulto de añoranzas, un fardo de reminisencias.
Cuando definitivamente todo pase y las heridas se cierren podremos empezar a revisar los hechos, a distancia, sin rencores. Los analizaremos uno a uno, sopesándolos, calibrándolos en su justa dimensión y entonces sabremos que nos pasó. Aunque  estoy seguro que nunca unificaremos criterios, ni arrivaremos a  iguales conclusiones, pues siempre tendremos distintas percepciones, y  divergentes puntos de vista, quizás si podamos identificar sucesos, situaciones , circunstancias que nos llevaron a la separación. No se trata de encontrar culpables, pues ambos lo somos. Tu dejaste de quererme y yo hice lo propio. Por eso la partida fue sin despedidas, sin ayes lastimeros, sin nada que lamentar. Al final nos sentimos aliviados de no seguir contando con la presencia impuesta. No hay nada que reclamar. En lo personal, y espero que hagas lo mismo, comenzaré a reconstruirme, a rehacerme para volver a empezar, o simplemente para seguir viviendo. La vida es una sucesión de hechos que nos llevan por un camino de ida, al final del cual solo encontramos un giro que nos marca el de regreso. La vida, es un ir y venir por la misma ruta, una vuelta en U.  Ojalá, nos volvamos a ver, o pensándolo bien... mejor no.  EFO.

lunes, 10 de junio de 2019




UN ENCUENTRO CASUAL


Nos cruzamos brevemente. Sucedió tan de repente que no estoy seguro me hayas reconocido, pues a mi me costó hacer lo propio. Asaeteado por la duda me amarré a tu huella y te seguí sin que me vieras. Inadvertido, te pude observar a mi antojo. 
¡Como has cambiado!. El tiempo, la vida, se encargaron de eso. Tu pelo, ese que lanzaba reflejos al menor movimiento, perdió su brillo. Ahora luce opaco. Tus ojos se apagaron. En ellos no habita la mirada desafiante, que tantas veces soporté; dejaron de incitar, ya no acarician. Tu boca, quizás hastiada de besos, ahora se abstiene de provocar. Tus labios todavía conservan su rojo intenso, pero tu risa no es la misma, ya no tiene ese acento musical que obligaba a escucharla. 
Con pasos cansinos, lentos, te vi alejar. Dejé de seguirte. Renuncié a ser espectador de tu ocaso.
Yo todavía estoy en el mismo sitio en que me dejaste cuando te fuiste. Vivo en la misma casa y me siento en la misma roca, a contemplar el mar. Dejo que su bramido me  asuste. El mar, de noche, es un pozo de terrores, negro, insondable, peligroso. Aún le temo. Sigo pensando que lo seres que lo habitan me ven, cuando los veo, me sienten, cuando los siento, me temen, cuando les temo. Sigo creyendo que el mar y el cielo se encuentran  en alguna parte,  quizás donde termina el horizonte. 
Tu si hablas raro, decías. No te contestaba, sólo te miraba. Nunca me resultó fácil tratar de olvidarte. En algún momento pensé que lo había logrado, pero todavía no me acostumbro a tu ausencia. A veces despierto y veo la huella de tu cabeza en la almohada. Percibo la tibieza de tu cuerpo junto al mio. Escucho el sonido de tu voz. Dejo que invadas mis sentidos. Cierro los ojos  y comienzo a respirar tu mismo aire, nuestro aire. Hay días en que te noto mas cercana. Es como si todavía estuvieras habitando esta casa. Te siento caminar por el cuarto, te veo asomar al balcón, te oigo gritar mi nombre. En esos días hago inventario de tus cosas, de las pocas que dejaste. Las coloco sobre la cama, como solías hacer, cuando te mirabas al espejo y una y otra vez probabas tus vestidos, dibujando muecas en el cristal. En las tardes compartimos un café mientras la música nos embarga, trota por nuestros cuerpos y nos obliga a juntarnos. 
...Hoy amanecí distinto. Ya no estás. Te volviste a ir. Alguien llegó a suplantarte. Ahora estoy seguro que no existes. Quien por todos estos años creí que eras ya no eres. Dejaste de ser tu. Ya no tienes la misma cara, ni el mismo pelo, ni los mismos gestos. Tu voz se apagó. Ahora se que moriste, al menos para mi. Ahora hay otra que ocupa tu lugar en mi mente, sólo que a esa no la conozco. Nada me une a ella. No se quien es. Esa, a quien vi ayer, no eres tu. Ayer tu dejaste de vivir en mi memoria. Ya no dividimos mi espacio. El tiempo, la vida, se encargaron de eso. El tiempo, la vida, te mataron.
Y aquí estoy, sentado en la misma roca, contemplando el mar. Asustándome con su bramido, llenándome con su oscuridad, viendo como te difuminas en lontananza, como te traga la noche. Tal vez algún otro día nos reencontremos, quizás lo hagamos donde termina el horizonte. 
Mañana haré inventario de las pocas cosas que dejaste y las arrojaré al mar. EFO.




domingo, 9 de junio de 2019





L' AMOUR, MON CHERI, L' AMOUR


El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres. Se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, siendo resultante y productor de una serie de actitudes, emociones y experiencias.
La palabra amor comprende una gran cantidad de sentimientos diferentes, que van desde el deseo pasional y de intimidad del amor romántico hasta la proximidad emocional asexual del amor familiar, pasando por el amor platónico ​hasta llegar a la profunda devoción o unidad del amor religioso.
Las emociones asociadas al amor pueden resultar extremadamente poderosas y con mucha frecuencia irresistibles.
Desde un punto de vista científico, lo que conocemos como amor parece ser un estado evolucionado del primitivo instinto de supervivencia, que mantenía a los seres humanos unidos ante las amenazas y facilitaba la continuación de la especie mediante la reproducción.​
La diversidad de usos y significados y la complejidad de los sentimientos que abarca hacen que el amor sea especialmente difícil de definir de un modo consistente, aunque, básicamente, el amor es interpretado de dos formas: bajo una concepción altruista fundamentada en la compasión y la colaboración, y bajo otra egoísta, soportada en el interés individual y la rivalidad. El egoísmo suele estar relacionado con el cuerpo y el mundo material; el altruismo, con el alma y el mundo espiritual, pero más allá de cualquier definición o intento por explicarlo el amor es el motor fundamental de nuestra existencia humana.
El amor es la entrega que hacemos sin perder la identidad, amar es compartir, aprender, descubrir. Amar es el mayor acto de valentía del cual somos capaces.
Amor, deseo, pasión, son emociones que nos embargan y a las cuales resulta casi imposible soslayar. El amor cuando es secreto nos obliga a musitar, como un mantra, el nombre del ser amado, ocultándolo de todos, para evitar que se devele. El amor secreto es un dolor dulce que solo compartimos con nosotros mismos. El amor prohibido es una herida abierta, que sangra con solo evocarlo. Es la pena de saber que ante nosotros se alza una valla difícil de franquear. Es un permanente suplicio, un inextinguible sufrir. El amor no correspondido es una eterna incertidumbre, es una promesa que puede convertirse o no en realidad. Es una duda perenne. Y el traicionado es quizás el más cruel, pues lastima hondo, lacera  profundo, nos lleva a la desesperación.
Amar es siempre una aventura en la cual nos embarcamos en busca de la felicidad perfecta, aún sabiendo que no existe pues cuando creemos alcanzarla comienzan los temores de perderla. Amar es un sueño que a veces luce imposible de soñar, pero que estamos obligados a conciliar; un juego que siempre debemos jugar sin cejar en nuestro empeño por ganarlo.
Y tu, si aún no has conseguido tu príncipe , o si te salió rana, no te desanimes, sigue intentándolo... sigue besando. EFO

sábado, 22 de septiembre de 2018






EL FINAL


Todavía recuerdo aquella tarde en que  dejaste guardados tus ojos en los míos. Me miraste hondo, como queriendo calar mis sentimientos, como intentando averiguar mis pensamientos. Me sentí miserable, infeliz, empequeñecido ante la grandeza del amor que me ofrecías y que ya no podía seguir teniendo. Era tu última ofrenda. El postrer regalo que me hacías. Te dejé. Me fui de ti. Abandoné tu vida. Hoy, desde la perspectiva que me da el tiempo transcurrido pienso que tuve razón, que actué con sensatez. Siempre has dicho que fui un egoísta,  que solo pensé en mi, que nunca me importaste, que me aproveché de tu juventud, que jugué con tus sentimientos, que te partí el corazón, que tuve miedo de amarte. Sólo yo se que nada de eso es verdad.
Ayer te vi pasar. Al cobijo de un paraguas defendías de la lluvia a tus dos hijos. Se parecen mucho a ti. El mayor ya es casi de tu tamaño, el más pequeño tiene cara risueña y a ambos los corona la misma ala de cuervo que luces en tu cabellera. Pudieron ser mis hijos. Si hubiera querido. Si hubiera podido. Pero no quise. Pero no pude. La realidad nos marcó distancia. Quizás fue mejor así.
Enamorada, ilusionada viajabas atada a mi brazo. Caminabas haciendo piruetas. Jugabas como lo que eras, una niña. Una niña jugando el juego del amor. Una niña que se enamoró de un hombre mayor, de un señor que le doblaba la edad, que la colmó de halagos, que la deslumbró con su sapiencia, que la hizo mujer.  En ese entonces todo te asombraba, para ti todo era nuevo, revivido, nunca antes visto ni sentido. Te confieso que mi intención primera nunca fue enamorarte, solo quería de ti un poco de admiración, solo buscaba robarte un poco de tu alegría, de tus ganas de vivir, de tus escasos 20 años.Y tu, pienso, solo querías arroparte con un poco de mi prestigio. Trasvasar algo de mis conocimientos, de mi fama, de mi solvencia, de mi manera de resolver las cosas, de mi forma de entender la vida. En el fondo sólo, creía yo, se trataba de un mero intercambio. De un toma y dame. Pero de repente todo cambió. Nos vimos arrastrados por un vendaval. Abrimos el cofre de los deseos, y quisimos mas. Lo quisimos todo. Y persiguiendo esa quimera nos sorprendió la vida. Nos abatió la tempestad. Nos hirió el rayo. Y de pronto nos encontramos compartiendo una realidad que nos avasallaba, que se abría paso, que nos colocaba en nuestro sitio, que nos decía una y mil veces que todo era una utopía, un sueño, un maravilloso sueño, pero sueño al fin y los sueños crecen en la noche pero mueren en el día. Entendimos que la luna no era de azúcar ni de miel, sino que estaba hecha de rocas. Y tuvimos que despertar. La magia terminó. La niña se convirtió en mujer. Y el viejo se hizo más viejo. Tu pudiste reparar los daños, rehacerte, volver a empezar. Yo no pude. Quedé devastado, imposibilitado de recuperarme. Destruido.
Entre tu yo pasaron muchas cosas. Cosas que no hemos dicho a nadie. Cosas que guardamos, que atesoramos, cosas que solo tu y yo sabemos. Y son esas cosas las que nos unen y también nos separan, pues queramos o no estamos marcados con el mismo hierro. Somos lineas paralelas que jamás se unirán, pero que están obligadas a seguir la misma senda, el mismo camino.
Hoy, cuando presiento el final, condenado a dar el ultimo viaje en este barco que no volverá a zarpar, me siento obligado a confesarte lo que no quise o no pude decirte aquella tarde: siempre, te ame, eres el único amor de mi vida, te sigo amando y moriré amándote. EFO






SEÑORA

Otra vez, al igual que otras veces, su taconeo hirió el macadam de la acera. Su mirada altiva desafió la mía que la patrullaba despacio, suavemente, voluptuosamente. Su cuerpo de Diosa me cubrió con su sombra. Otra vez, al igual que otras veces, me extasié con el brillo de sus ojos, me sumergí en su negrura, me deslumbré con sus labios rojos, me embriagué con el olor de su perfume, me amarré al ondular de su cabello. Señora, yo daría cualquier cosa, lo que fuera, por ser parte de su vida. Por sentir el roce de su piel, por asistir al despertar de su mirada, por recibir cobijo en el asilo de su voz. Señora, yo daría cualquier cosa, lo que fuera, por sentirla mía. Pero usted tiene dueño. Le pertenece a otro. Es de otro. Y yo debo conformarme con verla pasar de lejos. Con permanecer atado a su pausado caminar, soldado a sus pasos, al galope de su risa. Con desearla desde siempre, con quererla a distancia. Señora, usted se ha convertido en una obsesión, en mi obsesión. Es una idea fija, un deseo permanente, un ansia interminable. Una visión que ocupa mis noches, que avasalla cualquier otra idea, que copa todos los espacios. Pero se que es solo eso: una ilusión, que siento lejana, inalcanzable, abolida, pues llegué tarde a su vida. Cuando me asomé a ella usted había marcado otro rumbo, transitaba otro camino, de la mano de quien pienso no la merece. 
Yo se que hay noches y también días, que ha llorado, que ha dejado pedazos de corazón en el pañuelo con el que enjuga sus lagrimas, lagrimas que empañan, sin manchar, su belleza. Y se también, porque lo he leído en sus ojos, que no se resigna a ese diario sufrir,  que no quiere seguir así, que intuye que allende los barrotes de su ventana hay otra forma de vivir, una manera distinta de amar, un torbellino de pasiones por sentir. Y también se que a fuerza de verme, sin mirarme, me he acercado a sus pensamientos. Por eso y porque se ha convertido en el centro de mi existencia le propongo que autorice a sus ojos que se aventuren dentro de mi, que le pida a su boca que pronuncie mi nombre, que le ordene a sus oídos que escuchen mi voz  y que me permita habitar sus fantasías. Y cuando eso pase, cuando conozca la intensidad de mi pasión, cuando entienda lo que siento por usted, estoy seguro que se dejará llevar, que poco a poco entrará en mi vida, permitiéndome formar parte de la suya para fusionarlas y convertirlas en una sola, en la nuestra, pero mientras eso no suceda yo seguiré siendo la sombra que se acuesta a su lado, esa que comparte su cama, Señora. EFO.
  



LOS EXTREMOS


Te vi alejar sin que hiciera ningún gesto para retenerte. En realidad quería que te fueras. Que salieras de mi ángulo de visión. Y cuando eso pasó, cuando ya dejé de verte, sentí una profunda tristeza. Recordé tus palabras que rebotaron sobre la piel de mi indiferencia. No era el mismo tono de tu voz, altanero, ofensivo, excluyente de hace algunos años. Ahora suplicabas, hablabas de perdón, de olvidar cosas, de volver a empezar. No te contesté. Te miré largo, profundo y tu, incapaz de sostener mi mirada, volteaste el rostro y te alejaste sin decir adiós. 
Siempre temí este momento. Te confieso que lo temía con la misma intensidad que lo deseaba. Intuía que algún día llegaría, que volverías arrepentida, golpeada, decepcionada, amargada a tratar de revivir lo pasado, lo que en algún momento nos unió.  Y ahora que llegó, no se si aborrecerlo o disfrutarlo. Ya no eres la misma. Sigues siendo bella, pero de tus ojos huyó la alegría. Lucen mustios, apagados, cansados de tanto llorar. Eres como una marioneta a la que se le rompió la cuerda y yace en el suelo, incapaz de levantarse, de volver a danzar, de volver a hacer reír. Yo tampoco soy el mismo. Todo el despecho, el resentimiento, el dolor que acumulé a lo largo de estos años despareció de repente, se esfumó. Ahora me siento vació, imposibilitado de disfrutar tu regreso, al que siempre consideré sería mi venganza, Ya no siento nada, ya nada me importa. Han sido muchas las noches en que vi cerrarse anillos de angustia en mi corazón para luego empozarse en mis ojos. Han sido muchos los días en que una mano invisible oprimió mis labios, obligandolos a tragarse mis voces. Con tu ausencia se abrió un parentesis  que ahora debo cerrar. Y ahora que todo terminó te confieso que me siento aliviado, es como si me hubiera desembarazado de un pesado fardo que oprimía mi espalda. Al fin me liberé de esa desazón, de esa sensación de desesperanza, de ansiedad que no me daba reposo, que minaba mi existencia. Al fin me libré de ti. Pero al contrarió de lo que siempre pensé no me siento feliz. Es como si  me faltara algo. Extraño tu ausencia. Esa misma ausencia que me obligaba a imaginar las mil y una formas de hacerte daño. De lastimarte, para que sufrieras lo mismo que sufría yo. No sabes cuantas veces, en mis desvarios, te imaginé disfrutando la felicidad que creía, me habías robado. No sabes cuantas veces juré vengarme, cuantas te maldije y con que intensidad te aborrecí. Y ahora que te has ido definitivamente, ahora que estoy seguro que nunca volverás, quisiera que nunca lo hubieras hecho, para poder seguir odiandote, pues sin eso, sin el placer de odiarte, ya no soy yo, sin mi dolor no me siento igual, no me encuentro, dentro de mi. Amor y odio son pasiones intensas, son placeres extremos.  Y mis extremos, pese a que me cueste reconocerlo, eres tu. Vuelve porque al irte te lo llevaste todo, te llevaste mi amor y mi odio... y tu también te fuiste . EFO


lunes, 3 de septiembre de 2018





CARTA A UNA DESCONOCIDA


Desconocida amiga:

Hoy, al igual que todos los días, desde que tuve la suerte de compartir con usted un transito fugaz atrapados entre cuatro estaciones del Metro me encuentro  en la esquina próxima a su casa, esa marcada con el número 59 de la calle Colúmbia, de nuestra común parroquia Asunción.  Se que vive allí porque he seguido sus apurados pasos, desde el andén del subterráneo donde termina su diario viaje. No piense, por favor, no lo haga, que la espío con aviesas intenciones. Nada avieso puede ocurrirseme y si por alguna circunstancia así fuese bastaría con un pequeño ademán suyo para desarticular cualquier plan oscuro que insensatamente  pudiese haber concebido.
Hoy, se ha retrasado casi 30 minutos en llegar a la cita que unilateralmente, acordamos. Por mi no se preocupe. Estoy acostumbrado a esperar. Se pudiera decir que lo he hecho toda mi vida, o casi toda para ser más exacto. Pero pienso que valió la pena aguardar pues hoy, inadvertidamente, dejó que sus ojos se posaran en mi por un breve espacio de tiempo. Breve, para usted, pero eterno para mi. Sentí como si de repente se hubieran abierto las compuertas del cielo y todo a mi alrededor se hubiese iluminado. Y pensándolo bien, así fue. Todo se iluminó. Es increíble como un gesto tan pequeño, casi insignificante, y hasta trivial, puede producir efectos tan demoledores, porque eso fue exactamente lo que pasó: su mirada me demolió.
La vi alejarse y pese a desearlo intensamente fui incapaz de esbozar siquiera una sonrisa de agradecimiento. No pude, me quedé petrificado, así de grande fue el impacto que me causó su repentina mirada.
De regreso a casa he inventariado todos y cada uno de los hechos que el azar o la necesidad han producido entre nosotros y he llegado a la conclusión que me conoce, aunque no de trato y comunicación, pero  si de vista y pienso eso porque creo haber percibido en algunas ocasiones cierta inquietud; cuando pasa cerca de mi, siento que acelera el paso, respira agitadamente, se sonroja y una que otra vez, disimuladamente, ha volteado el rostro. Francamente me es imposible pensar que no haya notado mi presencia, dada mi persistencia en estar, aunque lejos, cerca de usted. Con eso me conformo, con creer  que ya sabe que existo y que además presiente que mi existencia está subordinada a una sonrisa, a una mirada, a un visaje de su cara, a una sola de sus palabras. Por cierto hasta ayer supe como era el tono de su voz. Quizás no lo recuerde pero usted llamó a alguien a quien identificó como María. Textualmente le dijo: María, espérame. ¡Dios!... fue como si un coro de ángeles cantara solo para mi. Que hermoso es el timbre de su voz. Su voz es dulce, musical, armoniosa. Me siento bendecido por haberla escuchado. 
Después de mucho pensarlo he decidido abordarla, salir de este forzado anonimato, pero no encuentro la forma de hacerlo, o mejor dicho, no reúno el valor suficiente para ello. Créame que he ensayado diversas maneras pero aún no he definido cual sería la más acertada, la que menos impresión le cause, la que  no rechace. Quería hacerlo hoy, pero ya ve, usted pasó, como todas las tardes, cerca de mi y no fui capaz de hablarle. Quizás lo haga mañana... pero mañana puede no ser nunca. Mañana es tan solo un adverbio de tiempo.
Al verla me pregunto como es posible que una sola persona pueda acaparar la mayoría de los adjetivos que califican lo bello. Porque así es usted: bella de píes a cabeza. Su cara, es un poema, su piel brilla, su cabello, cabalga sobre el viento, lanzando dorados reflejos, sus ojos destellan y sus labios prometen un beso que desde aquí luce como el único, el mejor, el  más maravilloso beso de todos los besos. Si, definitivamente estoy enamorado y como ya le dije solo espero el momento de poder comunicarle lo que siento, solo que hay un problema, un pequeño problema: no se su nombre, pero no dejaré que ese inconveniente nos separe. Le prometo que pronto, más pronto de lo que imagina, lo averiguaré y cuando lo sepa, entonces, y solo entonces, me atreveré, mientras tanto seguiré siendo una sombra, un fantasma...su sombra, su fantasma.  EFO.








CARTA A UN DESCONOCIDO



Apreciado fantasma:

Albertíco, el hijo de María la vecina, a quien sobornó con la promesa de una chupeta, me entregó su carta. Le confieso que he notado su presencia. Al principio con curiosidad, después con interés y ahora, con emoción y un poquito de temor pues no estoy segura de responder a las expectativas que se ha formado acerca de mi.  Mi nombre es Victoria, pero todos me llaman Vicky.  Ahora que  lo sabe espero cumpla lo prometido, se decida a hablarme y deje de ser mi sombra... mi fantasma.

PD.
Le dije a Albertíco que usted le daría dos chupetas, una por entregarme su carta y la otra por llevarle la mía. EFO

sábado, 1 de septiembre de 2018




CARTA A UNA CONOCIDA



Querida amiga:

Hoy siento la necesidad de escribirte, de contarte algunas cosas que se intuyes, sino conoces ya. Decirte esto me resulta difícil, muy difícil, pues temo marcar un indeseable distanciamiento entre nosotros, pero hoy la urgencia se ha vuelto insoportable y por más que lo intento no puedo contenerme. Amiga, estoy enamorado. Si, loca e irremisiblemente enamorado, perdidamente enamorado
Me ha cautivado un ser increíble al que veo a diario, al que saludo con un beso en la mejilla y un abrazo fraterno. Me ha subyugado esa forma tan suya de autorizar a su mirada que resbale sobre mi, escrutándome, adivinándome, autopsiándome. Me gusta el parpadeo de sus ojos, como los abre y cierra, como permite que el velo de sus pestañas los cubra totalmente, por breves segundos, para después  mostrarlos en toda su belleza. Estoy prendado de su forma de caminar, despacito, como contando los pasos, permitiendo que sus pies gobiernen sus caderas, imprimiéndole un movimiento rítmico, sinuoso, elástico, gatuno. Me encanta el juego de sus labios cuando muerden su sonrisa. Los entreabre, enseñando sus dientes blanquísimos, para luego cerrarlos, tragándose la risa, paladeándola, degustándola. Sus manos son tan expresivas como su cara. Revolotean al conjuro de sus palabras. Suben, bajan, se pliegan, se abren, señalan, ocultan. Me fascina la lucha de su cabello contra el viento. La manera en que el aire lo trabaja, configurando mil formas al hacerlo ondear sobre su frente. Me agrada ese mechón rebelde que inútilmente acomoda una y mil veces. Me apasiona ver como las gotas de agua hacen nidos en su cuello para luego precipitarse a la hondura de sus pechos. Me embriaga el tono de su voz. Esa vocecita ronca que a veces parece que suplica y otras que ordena. Particularmente me enloquece  su nariz, es respingadita, como la de un ratoncito y se abre ansiosa, buscando aire cuando la rabia le emponzoña el alma.
No quiero hablar de sus senos pues ya perdí la cuenta de las veces que quise dormirme acunado entre ellos, rodeado por sus brazos que se cálidos. No quiero ni pensar en sus piernas, que lucen largas, flexibles, duras, bellas, cuando caminando se aleja. No puedes imaginar como deseo amarrar mis manos al vórtice de su cintura para anidarme en su viente y desde allí, en loca carrera, alcanzar la gloria.
Me perturba su olor. Ella huele a mujer. A hembra ansiosa, lasciva, pero también huele a flores, a grama recién cortada,  a tierra mojada. Ella es la suma de todas las cosas que siempre quise tener y no tengo. Ella es más que un deseo, una ilusión, un sueño. Ella es algo que me luce inalcanzable por ser muy próxima, muy cercana.
Quizás ya sabrás de quien te hablo, pues tu la conoces, la conoces mejor que a cualquier otra y es por eso que me atrevo a pedirte que hables con ella, que le cuentes lo que te digo, que le preguntes si también ella siente ser algo más que mi amiga. Búscala. La encontrarás en el reflejo que te devuelve el espejo cada vez que en el te miras...  EFO.

jueves, 30 de agosto de 2018






CARTA A UN CONOCIDO



Querido amigo:

No se que decirte. Solo se me ocurre que eres un mentiroso. Seguí tu consejo y me asomé al espejo y la imagen que me devolvió no se corresponde en nada con lo que dices que soy. Hace ya cuatro días que recibí tu carta y no salgo de mi asombro. Te explico: nunca  imaginé que pudiera haber despertado en ti ese sentimiento, que me luce profundo y sincero, aunque, te confieso, también he pensado que se puede tratar de un capricho. No se. Ahora no estoy segura de nada. Ni de mi misma.  Por tu culpa me estoy volviendo narcisista. No dejo de mirarme en el espejo. Abro y cierro los ojos. No son tan bellos. Son bonitos. Todo el mundo me lo dice, pero no tanto. Exageras. Si es verdad que camino despacio, pero nunca imaginé que alguien pensaría que lo hacía para darle movimientos sensuales, gatunos ( me gusta mucho eso de gatuno) a mi caminar. Esa siempre ha sido mi manera de hacerlo. Es algo natural. Y si, me gusta reír, tu lo sabes, pero ¿estás seguro que paladeo,que degusto la risa? ¿ A que sabrá? Te prometo que la próxima vez que  ría lo voy a hacer con sumo cuidado. A lo  mejor descubro su sabor. Claro que tengo nariz de ratón, pero eso más que un atributo siempre lo he considerado un defecto. También el tono de mi voz es algo ronco, ronquita dices tu, y no ordeno ni suplico, yo toda la vida he hablado así. Y dale con el mechón. Es que no hay forma ni manera que se quede quieto. ¡Que fastidio!. Me tapa los ojos y me hace cosquillas en la cara. 
Lo demás no lo comento. Me da verguenza. Lo que pienso sobre eso me lo reservo, pero sólo te diré que cada vez que estoy cerca de ti, te miro a los ojos, o escucho tu voz siento una cosa rara. Es una sensación de angustia, de opresión, que me asusta, pero que me gusta sentir. Hasta ahora no sabía exactamente que me pasaba, aunque lo presentía. Después de leerte he encontrado respuestas a muchas de las interrogantes que me formulaba. Y te confieso: me da miedo. Tengo miedo de saber más. De pensar mas. De sentir mas.  
Te voy a decir algo y es lo último que diré: No hay nada inalcanzable. Si lo se yo que todas las noches araño el cielo buscando estrellas pérdidas para llevarlas a dormir conmigo. Y las ilusiones, los deseos, los sueños, algunas veces, se vuelven realidad. Basta desearlo... desearlo fervientemente.  EFO

viernes, 17 de agosto de 2018






LOVE HISTORY


Cuando ya no te cabía mas rabia en el cuerpo ni despecho en el alma. En el paroxismo de tu amargura te oí decir: Ojalá  te mueras. Te quedé mirando y  me fui. No supe que contestarte. Hoy pienso que debí decirte que lo que deseabas era imposible, pues no puedo morir porque mi vida te la dí. Si quieres que muera  devuelvemela  pues solo mueren aquellos que están vivos, los que tienen vida... y yo no tengo, la mía la tienes tu.
Hay noches en que apago la luna para soñar contigo. Hay noches en que me arropo de luceros para no ver el brillo de tus ojos. Si ves que la tarde se oscurece no pienses que amenaza tempestad, solo le robé la luz al sol para alumbrar tu regreso. Así pasan mis días. Contigo. Sin ti. Aunque no lo quieras sigues viviendo en mi. Una vez alguien dijo que los recuerdos tienen sabor, que saben a olvido, que se esconden en las gavetas para que nadie los vea, que viven en las fotografías y que salen de vez en cuando a pasear por los caminos de la mente.
Tu ausencia empobreció mi existencia y convirtió a mis ojos en mendigos de tu mirada. Tu ausencia me sembró de vacío. A toda hora reniego de tu partida. Todavía guardo la imagen, de cuando tus lagrimas te besaban los labios...  y yo también. Eran otros tiempos. Llorabas por cualquier cosa y al preguntarte la causa simplemente reías. Lloró de felicidad, por estar contigo, decías. Pero esos días ya pasaron. Se fueron casi sin que lo advirtiéramos. Una mañana desperté y ya no estabas. Tu pelo había dejado de teñir de negro mi almohada y tu aliento ya no incendiaba mis sueños. El olor de tu cuerpo se había desvanecido en el aire, se había ido tras de ti, siguiéndote. Se fue contigo. Y al final llegó el final. Ahora soy como un gato realengo, sin dueño, como una sombra que se acuesta sola en la alfombra. El dogal de mi angustia secuestró mis ansias y ahora se cierra premonitorio sobre mi. 
Me creerías si te digo que todavía no se que nos pasó. Porqué todo acabó. Que medió para que eso sucediera. A veces pienso que mi amor fue la causa de tanto mal. A fuerza de quererte quedé sin aliento para seguir haciéndolo y al no poder mas, dejé de amarte. En otros momentos creo que la culpa fue tuya. Que te acostumbraste tanto a mi, que pasé a formar parte indivisible de ti y al dejar de existir como yo, ya no tenías a quien querer. El amor, niña, es como el hálito de un perfume, como la luz de la primera aurora, como un suspiro. El amor es tenue, frágil, volátil, caprichoso, dúctil, maleable. El amor, niña, es etéreo, pero vivaz, hay que mantenerlo, alimentarlo, cuidarlo, hacerlo crecer. Hay, en suma, que sorprenderlo. Y eso quizás fue lo que nos faltó: la sorpresa, la angustia, el sobresalto, el miedo a perderlo. La falta de riesgo. No fuimos audaces. No nos atrevimos a convertir nuestros sueños en atormentadas pesadillas. No lo acicateamos. No lo quisimos. Y ahora estamos tu yo separados, cada uno en un rincón, rumiando amarguras. Tu, odio, rabia, despecho y yo, soledad, angustia, desesperanza. Nos llegó el final.  EFO.

jueves, 12 de abril de 2018






DESEOS, ANHELOS, ANSIAS
Para curar cuerpo y alma


Revisando cosas viejas, de tiempos idos, tropecé con tu mirada al descubrir una fotografía. Y recordé esa época en que desandabamos uno a uno,con nuestras pisadas muy juntas, tan juntas que parecían una sola, los adoquines de las calles ya vacías. En ese entonces faltaba mucho para que quedaras dormida en los brazos de hierro del tren de la vida. Todavía no se había aposentado en tu mente la idea de dejarme transitar solo los caminos del silencio. Aún se escuchaba el rumor de tus pasos de sombra, la guitarra dejaba oír su voz de madera, mis ojos encerraban tus ojos y  mi boca enrejaba tus besos. Hoy de ti solo conservo los recuerdos. Al igual que esas muñecas rusas, que a fuerza de ser concentricas se agrandan o reducen, dependiendo de si las muestras  o escondes; tus recuerdos a veces son tantos que forman un bullicioso tropel y otras tan pocos que el esfuerzo por evocar alguno hace doler la memoria. Hay momentos en que reniego de tu insistente presencia en mis pensamientos, porque no me deja espacio para otra cosa que no seas tu pero hay otros en que logro desterrarte;  eso pasa cuando la música se apaga, cuando los muebles se adueñan del cuarto, cuando se acerca la hora de barrer las huellas del día. Entonces hago un alto y comienzo a enhebrar mis deseos, enumerándolos, uno a uno: Quiero pedirle clemencia a la vida. Quiero, al igual que los jardines, bañarme con la lluvia y danzar con las flores al viento. Quiero caminar con las nubes y visitar los nidos donde vive el frío. Viajar en una alfombra de olores para degustar todos los sabores y ver todos los colores. Quiero aprender a beber como  los peces, a trabajar como las hormigas, a haraganear como los pájaros. Quiero andar todos los caminos, remarcar todas las huellas. Quiero pintar con lentejuelas el manto de la noche. Apagar con el día la luz de las estrellas, vestir de tiempo el cabello de los jovenes. Llorar en todas las tumbas. Gritar en todos los silencios. Escuchar las palabras prohibidas. Ver las cosas escondidas. Descifrar todos los susurros. Sentir todos los dolores. Vivir todas las angustias. Saborear todas las lagrimas. Cometer todos los pecados. Suplicar todos los perdones. Desgastar mis labios con todos los besos. Desdibujar mis manos con todas las caricias. Agotar mis ojos con todas las miradas. Descubrir todos los pensamientos. Develar todas las intenciones. Sufrir todos los dolores. Sentir todos los temores. Asustarme con todos los miedos. Andar por mil caminos. Navegar en muchos mares. Rasgar muchos cielos. Quiero vivir noches de eterna lujuria. Vestir el hábito de los monjes. Leer el libro de lo secretos. Mirar las caras de las sirenas. Dormir con los ojos abiertos y el corazón cerrado... 
Cansado de desear espero que regrese la calma, que mis ansias se aquieten, que se atemperen mis anhelos,  que retorne la paz a mi espíritu y vuelvo a ser yo: el ayuno de deseos, el cansado de promesas, el hastiado de preguntas, el resignado a seguir viviendo así, sin vivir... sin ti. EFO.

lunes, 4 de diciembre de 2017



  EPISTOLA IN CARENTIS AFFECTUS
    ( Carta modelo para parejas disfuncionales)


Después de viente años, reuní el valor suficiente, y leí tu carta. Lo hice despacio, sin prisa, dándome tiempo para  analizarla. La repasé una y otra vez y al final concluí que todo sería igual, que nada habría cambiado si la hubiera leído antes. Tu carta no me dijo nada nuevo. Nada que yo no supiera. Nada que no presintiera. En tu carta ratificabas lo que ya intuía: que no tenías el valor suficiente para enfrentar la realidad que nos avasallaba. Y ahora entiendo el por qué de muchas cosas. Ahora puedo descifrar tus interminables silencios. Tus inexplicables ausencias. Tu permanente falta de atención. Tu poco cuidado en el manejo de las situaciones que nos eran propias. Ahora se, a ciencia cierta, que fue un error irreparable haber intentando aunar voluntades en busca de lo que creíamos sería un bien común. Al fin me di cuenta que nunca nada nos unió, muy por el contrario, todo siempre nos separó. Y ahora colocado a distancia puedo ver con claridad que ni tu ni yo tuvimos culpa de lo que ocurrió, pues eso fue la consecuencia lógica de una cadena de desaciertos que indefectiblemente nos condujeron a ese final. De tu carta solo una cosa debo reprocharte: la notable falta de mesura. No es un análisis meditado. No sopesas adecuadamente los hechos. Luces apresurada, ansiosa, impaciente por terminar, por pasar la página, por cerrar el capitulo. Ni siquiera fuiste capaz de dar una explicación convincente. No hay detalles. Tu carta es una lamentable ausencia de todo. Quizás te hubiera resultado más fácil no escribirla. Dejar la hoja en blanco y solo poner un punto. Un punto final. Con eso hubiera bastado y yo lo entendería. Con solamente ese punto me hubieras ahorrado la incertidumbre, de imaginar lo que dirías. Me hubieras ahorrado veinte años de dudas.
Al leerla pensé hacer publica mi respuesta, pero al instante deseché la idea. De hacerlo estaría obligado a decir lo que realmente sucedió, lo que nunca quisiste escuchar: La verdad; pero ya es tarde para eso. Ahora nada tiene sentido. Entre tu realidad y la mía, entre tu vida y la mía media un tiempo de ausencia, de silencio, de resentimiento.  Ni siquiera voy a tomarme la molestia de explicar lo que dices en tu carta, ni volver  a contar  nuestra historia  fallida, me contentaré con saber que ya todo terminó, que después de casi un cuarto de siglo, puedo estar tranquilo, tranquilo de conciencia, pues al final entendí que se acabó, que ya no quedan ni recuerdos de ese pasado inconcluso que, quieras o no, nos marcó la vida. Ahí dejo tu carta. La guardo en el cofrecito azul donde todos saben que guardo las cosas importantes. Quizás cuando muera, uno de nuestros hijos la encuentre por casualidad y la lea. Ruega a Dios que eso no pase pues de ocurrir al fin se sabrá lo que con tanto esmero te empeñaste en ocultar: Nada.  EFO.

PD. Nunca lograste corregir tus errores ortográficos. Jamás aprendiste a escribir.

jueves, 16 de noviembre de 2017





SI PUDIERA


Parada allí. Recostada en el marco de la puerta. Intentando despejar de un manotazo la nube que cubría sus ojos, la vi por ultima vez. Toda ella era un adiós, un mudo adiós, un interminable adiós. Créeme que quise explicarle, decirle que tan solo era un hasta luego, que no sería definitivo, que nos volveríamos a ver, que todo sería igual que antes, que había que tener paciencia, que las cosas cambiarían... que esperara... que esperara... y en ese esperar se nos fue la vida.
Hoy es tan solo una desdibujada figura que se cae a pedazos, un celaje apenas, traspapelado entre otros muchos celajes. Créeme si te digo que no recuerdo como era su cara, como era en detalle, quise decir.  Todavía conservo la oscuridad de su cabello, el castaño de sus ojos, su nariz de ratón y una boca golosa, roja, roja como una granada,  que solo se abría, creía yo, para decir te quiero o para dar un beso.
Ha pasado tanto tiempo. Los años cabalgaron sobre mi, demoliendo mi figura. Mis ojos se apagaron, mi boca se frunció y a mi memoria la visitan ya tan pocos recuerdos que creo que algo, que no se que es,  les impide que vuelvan.
A veces, a fuerza de desearlo, creo escuchar su voz, pero no estoy seguro si es la mía pues ahora siento que todo se confunde, se enreda, se transforma. 
Anoche soñé con ella, o con quien creo que es. Nos dábamos un beso y caminábamos agarrados de la mano por un calle oscura. Fue un sueño breve, fugaz, casi clandestino, pues  tu sabes que aquí está prohibido soñar
Hace algún tiempo alguien me  dijo que era una abuela feliz. Que la vio de la mano de un niño, tejiendo sueños. Que su andar era lento, que había perdido sus movimientos de pantera, sus ademanes felinos, que su mirada ya no retaba... ahora perdonaba, pero que aún conservaba esa serena belleza que cautivaba. Me puse triste. Pensé que ese nieto podría haber sido de los dos. Que juntos, apoyándonos en el, nos fatigaría menos el camino. Que nuestra vida hubiera sido una común y no las dos separadas que llevamos. Que tendríamos una misma historia que contar. Y créeme, por vez primera, en muchos años, quise volver a verla, aunque fuera desde lejos, a la distancia, verla sin que me viera,   pero tu sabes que los muertos somos prisioneros en nuestras criptas, cautivos de la nada, rehenes de un tiempo ido y por más que roguemos  no nos dejan abandonar las tumbas,  salir de  los cementerios, ver a los vivos.  EFO.

jueves, 19 de octubre de 2017





EL JUEGO DE LA VIDA


Anoche salí a buscarlos. Recorrí calles, atravesé plazas, remonté cuestas, pregunté a los vecinos, pero no los encontré. Se que están afuera, en alguna parte. Quizás debo cesar en mi búsqueda acallar mis ansias y tan solo esperar. A lo mejor ellos, mis amores perdidos, también me buscan. Y por azar me encuentran.
Los amores perdidos son aquellos que por error u omisión dejamos ir. Esos que por un tiempo ocuparon un espacio muy importante en nuestra vida y que de repente, por alguna circunstancia, dejaron de ser nuestros. Se terminaron. Acabaron.  O al menos eso es lo que creemos, cuando la realidad es otra: los amores perdidos nunca son tales. Nunca se fueron. Siempre se quedaron en nosotros. Están escondidos en lo más recóndito de nuestros anhelos. Camuflados. Traspapelados. Pero siguen allí. De noche, cuando se despiertan las ansias, cuando los recuerdos ocupan nuestras mentes, cuando late mas fuerte el corazón se asoman a nuestra conciencia reclamando su espacio, ese que le pertenece por derecho propio, por haberlo conquistado.
Los amores perdidos están hechos con jirones de nuestra vida, Con trozos de recuerdos, con pedazos de emociones. Los amores perdidos son parte indivisible de nuestra existencia. Ellos permanecen cosidos, clavados, engomados, transfundidos a nuestro ser. Son amores nunca olvidados pues es imposible borrar la huella de un beso, de una caricia o de una mirada cómplice.
En esas noches, cuando se despiertan las ansias y escapan de la gaveta de la memoria aquel parpadear de ojos, ese chocar de dientes persiguiendo risas, esa ráfaga de cabello ondeando al viento, ese olor tan peculiar, tan suyo, tan nuestro, soltamos el freno y tratamos de imaginar como hubiera sido nuestra vida al lado de esa persona. Construimos sueños con lo que nos quedó, con aquello que aún conservamos, con lo poco que el tiempo no cubrió de olvido y por un rato nos arropamos con esa ilusión hasta que despertamos y la realidad nos devuelve nuestra cotidianidad. Entonces recogemos nuestros recuerdos y los guardamos intactos, para, en cualquier momento, despertarlos, volverlos a usar. Mantenemos en nuestras mentes esos rostros, esos gestos; no nos atrevemos a cambiarlos. Les negamos el paso del tiempo. Obviamos los estragos que la vida les causó. Preferimos seguirlos viendo como eran. Como los conocimos. Como nos hicieron felices. Eso forma parte del juego. Eso es, en esencia, el juego de la vida.  EFO.