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sábado, 29 de agosto de 2020





ENTRE VENGANZA Y PERDÓN




La venganza es la compensación o desquite que se obtiene de una persona, o grupo por una acción ejecutada por estas y que es percibida como mala o dañina. El sujeto que se siente afectado decide vengarse y concreta una especie de reparación por el daño. La venganza supone una contraprestación por el agravio recibido. Es un acto afectivo que está motivado por la ira de quien se ha sentido humillado y quiere devolver el daño padecido. Es ese impulso que surge en el corazón ante ciertas situaciones. Para algunas personas la venganza es necesaria cuando la justicia falla; sin embargo entre ambas no existe mucha diferencia, el problema es que la justicia no siempre funciona y a veces permite que ciertos daños no sean reparados. En ese punto puede aparecer la venganza, pero ya no con el objetivo de hacer justicia, sino de liberar la tensión que el dolor y el odio han hecho germinar. La venganza trasciende la intención de reparación y tiene un carácter ejemplificador, cuyo objetivo es pagar con la misma moneda o infringir un mal mayor en quien ha cometido el daño original. En los tiempos bíblicos para morigerar la venganza, evitando los excesos, se estableció la Ley de Talión. En las sociedades modernas, la venganza no está permitida ni tampoco se acepta la Ley de Talión. La justicia se canaliza a través de leyes que intentan ser objetivas y promover la paz social y aquéllos que se salten las reglas impuestas, por el sistema legislativo vigente. pueden ser condenados por tomar la justicia por su propia manoLa venganza es contraria al perdón. Perdón es disculpar a otro por un acto considerado como ofensa, renunciando eventualmente a vengarse, a reclamar un justo castigo o restitución. El perdón no debe confundirse con el olvido de la ofensa recibida. El perdón es liberador, gracias a el drenamos una carga de resentimiento, de ira, de dolor, que mantiene atada una parte de nuestro ser interior. Al perdonar no sólo otorgamos a otro un beneficio, también nosotros nos hacemos beneficiarios.
Venganza y perdón son hechos esencialmente humanos. Ambos nacen de lo mas profundo del corazón, pero son motivados por sentimientos distintos, por otras pasiones. La venganza es hija de la ira, del dolor, del rencor. El perdón lo es del amor, de la compasión, de la piedad. La venganza corroe el alma, el perdón es sanador, cura las heridas. Entre venganza y perdón, dos acciones contrapuestas, hay un punto de equilibrio: Yo no hablo de venganza, ni de perdón, el olvido es la única venganza, el único perdón. (Jorge Luis Borges) EFO.

viernes, 22 de mayo de 2020



ANTAÑO, HOGAÑO.


En mi otra vida, porque he tenido otras vidas, fui filibustero, no corsario ni bucanero, Filibustero. Navegue por el mar de Las Antillas, robé y enterré  tesoros, escamoteándole a sus majestades, los Reyes de España, oro, perlas y plata, riquezas que ellos habían hurtado a los legítimos dueños de estas tierras. Yo asalté Portobelo, tomé La Barra de Maracaibo y asolé Cartagena de Indias. En aquellos  días  la sangre teñía mis manos y el acre olor de la pólvora nublaba mis sentidos. Todavía escucho el estampido del cañón, los alaridos de dolor y los gritos de espanto. Aún siento la angustia, trepar por los cordajes, escalar los palos y bailar con el viento en las velas. También fueron muchas las noches en que mi barco recaló en aguas de La Tortuga y en interminables horas dilapidé mi juventud y desgasté mi cuerpo entre mujeres, tabaco y ron.

En mi otra vida, porque he tenido otras vidas, fui Monje Copista. Por ese entonces Gutenberg no transformaba la imprenta y los pocos libros que existían debían ser copiados a mano, una y otra vez, en papel pergamino y con caligrafía gótica, para reproducirlos e impedir que se perdieran en la noche de los tiempos. Fui el mejor copista de el Deir (Monasterio) en la antigua ciudad de Petra. El primer monje que se atrevió a ilustrar un libro, coloreando las letras capitulares, enmarcando los textos en hermosas orlas y dibujando al margen figuras alegóricas desafiando expresas prohibiciones que impedían usar el color y jugar con las formas. Yo copié la primera Biblia, aquella recopilada en el Siglo III A.C por los 70 sabios judíos invitados por el Rey Ptolomeo II a Alejandría para aportar a su biblioteca la historia de su pueblo.

En mi otra vida, porque he tenido otras vidas, fui un homicida contumaz. Al cerrar la niebla, cuando el deseo de los hombres y el impudor de las mujeres trotaban por las calles de Londres, mi mano cercenaba las carnes de las damas de la noche. Si, yo fui Jack, Jack El Destripador. Me arrastraba, junto con mi rabia, por estrechos callejones y solitarios muelles en busca de sangre. Era un asesino diestro, muchos dicen que el mejor que ha existido. Vestido de sombra y armado con un escalpelo, recuerdo de mi otra profesión, acechaba a las mujerzuelas y sin mediar palabra  me quedaba con su miserable vida. El placer de matar solo era comparable a la impunidad con que lo hacía. Hoy, a muchos años de aquellos días gloriosos la inepta policía sigue preguntándose  quien era y por qué mataba.

En mi otra vida, porque he tenido otras vidas, fui médico de la Peste Negra. Vestí largo abrigo, calcé altas botas y enfunde mis manos en guantes de cuero marroquí. Tapé mis ojos con lentes negros y cubrí mi rostro con la mascara de nariz cónica, rellena de ámbar gris, menta, láudano, pétalos de rosa y clavos de olor para prevenir el contagio. Usando mi bastón para auscultar a los enfermos, sin tener que tocarlos, por temor a infectarme, deambulé por las desoladas calles donde el lamento de los apestados se confundía con el aullido de la muerte. Yo viví el cierre de Peruggia, obligado a permanecer tras los muros de una ciudad que me era extraña y a la que no podía abandonar. Vi como crecían los bubones en los cuerpos, empinándose al cielo, clamando piedad. Pero el cielo era sordo a toda suplica, mientras la noche, negra como la peste, se vestía de vahos purulentos y  hediondas emanaciones. 

En mi otra vida, porque he tenido otras vidas, fui un feroz mirmidon, una de aquellas hormigas convertidas por Zeus en valerosos guerreros. Viajé en una nave de negra y comba popa a las ordenes de Aquiles, el más grande héroe de todos los tiempos. Combatí a su lado, bruñí sus armas, esas que forjó el mismo Hefesto, llené de espumoso vino su honda copa y peiné sus hermosas grebas. Yo lo vi derramar ardientes lagrimas, cubrir con sendos obolos los ojos de Patroclo y clavar en el medio del pecho de Hector su vengadora pica. Presencié el llanto de Priamo, la furia de Agamenon y el amor de Briseida. Yo vi morir a mi señor en una calle de Troya, a manos de un afeminado, y me tocó acompañarlo en la barca de Caronte, rumbo a la Mansión de Hades. 

En mi otra vida, porque he tenido otras vidas, viví la mas corta de todas ellas en el Palacio dorado del Rey Niño. Mi Dios, mi Faraon, Tutantkhamon. Con el crecí pues desde pequeño estuve destinado a su servicio. Sus deseos eran los míos y mía también su voluntad. Nunca hubo, ni habrá, otro rey, tan glorioso y bello como el. Vi colocar sobre su cabeza la tiara roja y la tiara blanca al coronarlo con la Cobra y el Buitre, como señor del Alto y Bajo Egipto. Cerré sus ojos, cuando infame mano lo llenó de oscuridad y amortajé su cuerpo con vendajes de lino en la Casa de la Muerte. Con el navegué las aguas del Nilo y recorrí los caminos del desierto. Y con el fui enterrado vivo en su tumba para continuar mi servicio después que Anubis lo llevara ante Osiris en su viaje al inframundo.

En esta vida, porque ahora vivo esta vida, soy sólo un item en la larga lista de items que conforman un presente insípido, vacuo, ayuno de emociones, ausente de sobresaltos. EFO.

miércoles, 15 de abril de 2020




EL LOBO DEL MIEDO.

A veces quisiera ser como el caballo de espuma que trota en el mar, como la raya que deja en el río el ave cuando volando  bebe, como las manos en una noche de novios: trémulas, ansiosas, indomables, codiciosas.  Pero se que no soy así. Soy solo un prisionero de mis dudas, un esclavo de mis deseos, un prófugo de mis temores, un enamorado de mis sueños. Soy el guardián de mis miedos, de mis pesadillas, de mis ansias. A veces quisiera ser otra persona distinta, distinta a mi, nueva, recién nacida,  pero se que nunca seré eso. Siempre seré lo que soy: un ángel que custodia un demonio, que algunas noches saca a pasear al lobo del miedo.
Un lobo que aúlla de rabia, que mira con ojos de furia, que babea, saboreando de antemano la carne que destrozará. Un lobo negro, grande, fiero, fuerte. Un lobo que vive en mi cuerpo, que mora en mi alma, que espía mis actos, que dicta mis acciones, que se enseñorea en mi. Un animal al que quisiera expulsar, matar, no volver a ver. Pero temo que no esté nunca más, que se vaya, que me deje. Soy un prisionero de ese lobo, de su soledad, de su angustia, de su ansiedad, del resplandor de luna que platea su cuerpo, del olor a sangre que eriza su piel, de su mirada que hipnotiza, que atemoriza, del blanco de sus dientes que prometen el dolor de un mordisco.
Todavía no se cuando esa fiera terrible se posesionó de mi, cuando entró a mi cuerpo. Quizás lo hizo una de esa noches en que conjuré a mis demonios, a esos que me persiguen desde niño, a esos que me asustan desde siempre. Quizás lo hizo una mañana cuando, prisionero de mi mismo, renegué de mi fe. O quizás  fue la tarde en que despedí a mi ángel de la guarda, ese de pelo largo que me espía desde el día en que nací. De todas formas ya no importa ni cuando, ni como, pues desde cuando y como sea está ahí, dentro de mi. 
Muchas veces pienso que puedo domar al lobo.Y lo intento. Desecho mi temor. Lo rodeo. Lo miro a los ojos. El me mira, con su mirada amarilla, siniestra, pareciera que se riera. Siento que me averigua, que me disecciona. Silencio mis gritos. Nos quedamos quietos. El uno frente al otro. Midiéndonos, calibrándonos, hasta que uno de los dos rompe el hechizo. El muestra sus fauces y yo develo mis fantasmas y todo vuelve al lugar de donde salió: siento en mi mano el roce del cuero de la correa y se que de nuevo paseo al lobo. Se que  solo soy un cautivo, un ángel que custodia un demonio. EFO.

jueves, 2 de abril de 2020




EL GRAN MIEDO


Las fobias son miedos intensos e irracionales de los que no es posible liberarse incluso cuando no existe un peligro real. En una fobia específica, el miedo, la ansiedad y la evasión se centran en determinados objetos, actividades o situaciones, quienes las sufren reconocen que no pueden controlarlos. Un trastorno fòbico se distingue porque produce ansiedad abrumadora. Las verdaderas fobias causan vómito, carreras sin control o desmayos. Para que haya un trastorno fóbico se requiere que el miedo altere la vida diaria. Los fóbicos se sienten tan amenazados que harán hasta lo imposible para evitar el objeto o la situación temida.
Las fobias específicas son un tipo de trastorno de ansiedad, en el cual una persona puede sentirse extremadamente ansiosa o tener un ataque de pànico cuando es expuesta al objeto del miedo. Las fobias comienzan a desarrollarse en promedio a los trece años y las mujeres son dos veces más propensas que los hombres a sufrirlas. 
La fobia, como consecuencia de un miedo aparentemente consciente acompañado de un componente ansioso, puede expresarse de muchos modos. Existen tantas fobias como personas, ya que cada individuo puede desarrollar una fobia a cualquier cosa.
Entre las mas comùnes destacan la  Agorafobia (miedo a los espacios abiertos), Claustrofobia (miedo a los espacios cerrados), Patofobia (miedo a la enfermedad), Zoofobia (miedo a los animales), Triscaidecafobia (miedo al número 13) y entre las màs raras, Ginofobia (miedo a las mujeres), Androfobia (miedo a los hombres), Penterafobia (miedo a la suegra), Telefonofobia (miedo a celulares), Nomofobia (miedo a salir de casa sin el celular), Catagelofobia (miedo al ridículo), Novercafobia (miedo a las madrastras), Trihexafobia (miedo al número 666), Tripofobia (miedo a los agujeros) y la madre de todas las fobias: Panofobia (miedo a todo). 
El miedo es una sombra que nos acecha, que està siempre presente, aunque no siempre se manifieste. Aparece cuando nos sentimos amenzados y nos advierte que debemos ponernos a salvo, que tenemos que evadir lo que nos amenaza. Es la ansiedad que sentimos al pensar obsesivamente en una situación o actividad que tememos y que está pendiente de ocurrir.
El miedo es un frìo, que sube por las piernas, se aposenta en el estomago y nos atenaza el corazòn. Pero el verdadero miedo es tener miedo al miedo, lo que equivale a vivir con los recuerdos temerosos del pasado que proyectamos hacia un futuro incierto. 
El pasado es una carga que sobrellevamos. Un pasado luminoso, lleno de gratos recuerdos, plagado de agradables experiencias vividas, nos reconforta, por el contrario un pasado pesaroso nos atormenta, nos amenaza. Desechemos el miedo y para hacerlo empecemos por hacer las paces con nosotros mismos para luego perdonarnos y finalmente comprometernos a mejorar. Es la ùnica forma de continuar viviendo. EFO




miércoles, 1 de abril de 2020




DE MERLIN  A VOLDEMORT


La magia es el conjunto de conocimientos y prácticas con los que se pretende conseguir cosas extraordinarias o resultados contrarios a los de las leyes naturales, valièndose de la ayuda de seres o fuerzas sobrenaturales, y haciendo uso de ciertos actos o palabras.
La magia puede ser blanca o negra, lo que equivale a decir buena o mala. La magia blanca busca alejar los malos espíritus y librar a las personas de hechizos y maleficios. La magia negra intenta conjurar y someter los malos espíritus y las fuerzas maléficas ocultas para causar daño a los demas. La magia negra  se obtiene por la realización de rituales que producen infortunio, enfermedades o cualquier otro daño, mientras que la magia blanca se usa con otros propósitos como sanación, prosperidad, bendiciones. La magia negra se utiliza para hacer un mal a alguien, vengarse de un enemigo, arruinar a la competencia. Dentro de la magia blanca encontramos los sortilegios de protección, los hechizos catalizadores de la buena suerte y las invocaciones, generalmente con la ayuda del humo del incienso, que se hacen en honor de las entidades protectoras de los magos. En la magia negra se recurre a los sacrificios y los hechizos que atan. La magia blanca serviría para neutralizar el daño de la magia negra y actuar en beneficio del individuo o del mundo.
La magia desata un cumulo de fuerzas poderosas que escapan al conocimiento y control del humano comùn. Su practica està reservada para los iniciados en esas artes. Los neofitos en la materia apenas podemos acariciar una idea de sus alcances y temer sus efectos.
Merlin, el mitico consejero de Arturo Pendragon, podìa hacerse invisible y controlar los elementos; Voldemort, el que no debe ser nombrado, era maestro en las artes oscuras y artifice de cruentos padeceres. Ambos representan la eterna lucha del bien contra el mal personificando el amor y el odio, esos extremos presentes en nuestra naturaleza humana, y que rigen  nuestro diario acontecer. El bien y el mal son elementos contrapuestos que viven en nosotros y a los cuales estamos obligados a considerar a lo largo de nuestra vida. Bien y mal son opciones a las cuales nos enfrentamos y de cuya escogencia dependeràn, en gran medida, los acontecimientos futuros que tengamos que arrostrar. Oligados a tomar un camino, debemos siempre optar por aquel que nos conduzca hacia la elevaciòn espiritual, el que aquilate nuestra alma y nos haga crecer como personas. Si tenemos que decidir entre Merlin y Voldemort, entre lo negro y lo blanco, escojamos la luz y desechemos las sombras. EFO.   



martes, 24 de marzo de 2020




INSTINTOS Y ALGO MAS


El ser humano actua en muchas ocasiones obedeciendo a sus instintos. No se trata simplemente de responder frente a un peligro. El instinto es una conducta innata e inconsiente que se transmite geneticamente entre los seres vivos de la misma especie y que los hace responder de una misma forma ante determinados estimulos; es un complejo de reacciones exteriores, concretas, hereditarias, adaptadas a una finalidad, de la que el sujeto que obra generalmente no tiene conciencia. Colocados en una situaciòn de riesgo de muerte nuestro instinto de conservaciòn nos señalarà el camino a seguir. Si podemos enfrentarla con exito nos inducirà a hacerlo, muy por el contrario, si nuestras posibilidades de salir airosos son nulas, nos marca la huida, obligàndonos a abandonar, pues de lo que se trata es de salvar la vida. Los instintos, en algunas ocasiones, se confunden con la intuiciòn. La intuiciòn es la habilidad para conocer, comprender o percibir algo de manera clara e inmediata, sin la intervenciòn de la razòn. Es la capacidad de entender situaciones, o sentimientos sin el auxilio de la mente o de la lògica. La intuiciòn utiliza un lenguaje no verbal, basàndonse netamente en la percepciòn de indicios gestuales. Es el primer pensamiento que llega a nuestra cabeza cuando estamos a punto de tomar una decisiòn. Una mueca, un guiño, un arquear de cejas, una mirada, constituyen còdigos que podemos descifrar y asì presentir como procederà la persona con la cual interactuamos en determinada situaciòn.
El impulso es la tendencia a actuar movido por alguna emocion sin que haya mediado una deliberaciòn previa con la razòn. Es la urgencia que obliga a la acciòn.  Cuando existe un trastorno de este mecanismo, los impulsos no pueden refrenarse, escapan al autocontrol determinando conductas que pueden atentar contra otros, (impulso homicida) o contra nosotros mismos (impulso sucidida.) Instinto, intuiciòn o impulso son piezas de un mismo rompecabezas que modelan nuestra vida.
Los instintos viven en nuestro cerebro. La intuiciòn en el corazòn. Los instintos nos dicen como actuar, la intuiciòn nos da pistas, señales, que interpretadas correctamente, nos permitiràn decidir. Los instintos nos obligan a actuar. La intuiciòn nos advierte sobre lo que nos conviene hacer.  Como ni unos ni otros son suceptibles a ser educados, los primeros por estar inscritos en nuestro ADN, ya que constituyen una carga gènetica que heredamos, y los segundos porque dependen de la correcta interpretacion que hagamos de las señales gestuales que recibamos, centremonos en mantener el control sobre nuestros impulsos, sujetando la mente y atando el corazòn. EFO.

domingo, 22 de marzo de 2020



 LA ESPERA DE PENELOPE


La espera se define como la facultad de saber contenerse, de no proceder sin reflexiòn, de obrar con calma, con paciencia. Tambièn podrìa decirse que es un estado de animo, voluntario o impuesto, que nos convierte en espectadores obligados de acontecimientos que estàn por venir. La espera siempre es angustia, expectativa, por estar preñada de incertidumbre. Se espera cuando se quiere que algo pase. Se espera cuando se quiere que nada pase. La espera es temida. La espera es deseada. Los que la temen presienten que algo terrible les sucederà. Que se avecina un acontecimiento que puede trastornar, para mal, su manera de sentir y entender la vida. Los que la desean quieren que algo bueno les suceda. Que lo esperado se convierta en realidad. Que los sueños dejen de ser sueños. El condenado a muerte espera temeroso la hora en que su cuello ceda al dogal del verdugo. Impaciente, ansioso por la llegada del dìa el soldado aguarda  el momento en que la batalla se convierta en carnicerìa, cuando la muerte suba por su brazo y aprisione su mano, obligàndolo a disparar la bala asesina. Trèmulos, expectantes, los amantes se niegan a retrasar el momento en que junten sus cuerpos. Ellos le comunican prisa a su espera, la visten de urgencia, de necesidad. Sigilosa, con pasos de sombra, la fiera acecha paciente un descuido de su presa, que espera el momento justo, el instante preciso en que sus instintos, cabalgando sobre el miedo, la obliguen a frustrar el intento de su depredador.
Hay esperas reflexivas, que obligan a pensar, a sopesar todas las opciones, a tomar una decisiòn. Hay otras que nos fuerzan a aplazarlas, a postergarlas, a cambiarlas por acciones inmediatas, de esas que no admiten demoras, que no contemplan esperas. Hay esperas obligadas, a muchas de esas no las queremos, les tememos, pero no podemos evadirlas, nos toca enfrentarlas y sufrirlas. La muerte es una de ellas. La esperamos, por inevitable, pero al  no saber cuando nos sorprenderà no nos angustia, es una espera en pausa, detenida que gravita sobre nosotros y a la que siempre queremos dilatar. Hay esperas que se prolongan en el tiempo, hacièndonos sentir que son eternas, que nunca pasaran. Esas estàn supeditadas a un futuro anunciado, al que sabemos lejano, pero que confiamos en que siempre sucederà. Pero de todas las esperas la màs dulce y algunas veces la màs amarga es la de el amor. Siempre deseamos que nos toque, que nos impregne con su magia. El amor es un sentimiento volatil al que es necesario alimentar, cuidar, para verlo crecer. Hay amores que son para toda la vida. Llegan para quedarse y no importa el tiempo que tengamos que esperar por ellos. Penelope, la mujer de Ulises, esperò por muchos años que el hèroe regresara de Troya. Poseedora de una gran belleza debiò sortear el asedio de sus pretendientes a los cuales prometìa ceder a sus peticiones una vez que terminara de tejer un velo. Penelope urdìa de dìa y destejia de noche hasta que viò llegar al rey de Itaca y dueño de su corazòn. Para la otra Penelope la espera tambièn terminò, solò que ella no reconociò a su amado y "...se quedò con su bolso de piel marròn y sus zapatitos de tacòn sentada en la estaciòn..."  EFO.


martes, 17 de marzo de 2020



UN VIAJE CORTO, MUY CORTO.


Sin saber como, ni porquè comencè este viaje que ignoro cuanto tiempo durararà, ni a donde me llevarà. Empezè a viajar completamente solo y desnudo. Nadie me acompaña. No me importa, pues desde el principio supe que serìa asì. Tampoco me preocupa la soledad. La estoy conociendo y confieso que me gusta su compañìa. Viajo sin equipaje. No tengo nada. Sin nada nacì y ahora estoy seguro que sin nada morirè.
A veces me siento cansado de viajar  y estoy tentado a cesar el empeño. Por desconocer el termino del periplo tampoco se cuanto me falta para concluirlo y por ende no puedo calcular el tiempo que llevo viajando. A lo largo de mi ruta me he ido llenando de cosas . El viaje se ha convertido en un comprar y vender, tener y no tener, dar y recibir y ese intercambio tambièn incluye a personas. No se a ciencia cierta a cuantas he conocido, hasta ahora, y me es imposible vaticinar a cuantas conocerè. En mi afàn de poseer, he pretendido ser dueño de mucha gente. A algunas las he dejado ir, a otras las retengo en contra de su voluntad, y a muy  pocas con su consentimiento. Ese trajinar me ha convertido en un ser desconocido. No se quien soy, ni por què hago lo que hago. Algunas veces he detenido mi andar e intentado hacer un balance de lo actuado, pero ha resultado inùtil. Se confunden las situaciones, equivoco los tiempos, todo està revuelto.
Entonces sigo. Avanzo, sin saber hacia donde voy, ni cuando parare. La vida, al final lo he comprendido, es un amasijo de hechos, agrupados a los cuales es imposible sistematizar, clasificar por temas. Pienso que deberìa ser como un inmenso archivo donde todo estè ordenado, metido en carpetas. Asì se harìa màs facil el camino, pues tendrìa referencias ciertas, que podrìa consultar en la seguridad de encontrar siempre el dato preciso. Pero no es asì y estoy obligado a convivir con este inmenso desorden en que existo sin saber por donde empezar y del cual lo unico que se es que nacì y voy a morir.¿ Cuando? lo ignoro. Otra cosa que me preocupa es la ausencia de un manual de vida. Una especie de guia o mapa mental que me indique que hacer, cuando y como. Seguro estoy que de tenerlo hoy serìa un ser equilibrado, centrado, seguro de mi mismo y capaz de planificar y decidir mi futuro. Pero ese manual no existe. A quien nos hizo se le olvidò incluirlo. Tampoco se si alguien està tomando nota de mi actuar. Si sigue mis pasos, si vigila mi accionar. Me gustarìa que asì fuera, pero pensandolo bien, mejor no, pues todo estarìa escrito, registrado y estoy seguro que lo malo supera con creces lo bueno, aunque bien y mal son criterios mutantes que cambian con el tiempo o sencillamente dependen de la naturaleza de quien juzge. 
Hoy notè algo distinto en mi. Una hebra de mi cabello cambiò de color, amaneciò blanca y un pliegue de mi cara perdiò su habitual tersura. Asustado consultè el fenòmeno y recibì  una respuesta desconcertante: te estàs haciendo viejo. Si eso es cierto debo asumir que el final se acerca, que el viaje està por terminar. Ahora temo su llegada. Siento que todavìa me faltan cosas por hacer, que el tiempo se agota y el viaje ha sido corto, muy corto.  EFO.










LOS PRISIONEROS


Apersogados, encadenados la hilera de presos marcha con pasos cansinos tras la huella de sus carceleros que indiferentes a sus quejas los dejan hacer, al fin y al cabo ellos tambièn son prisioneros. Todos lo somos, unos de otros, pero la mayorìa de nosotros mismos. Los libres, aquellos que no languidecen tras barrotes, son cautivos de sus pasiones, de sus recuerdos, de sus ansias. Los confinados pagan su condena por delitos penados por leyes que hizo Dios o inventaron los hombres.  Hay quienes cumplen doble castigo, estàn  fìsicamente recluidos en un penal y son reos de ellos mismos, de sus remordimientos, de sus sentimientos de culpa. Todos llevamos una carga emocional que fabricamos con nuestros actos, con nuesta abulia, esa carga nos lastima pues a veces se hace insoportable y sentimos que no podemos con su peso, que es excesivo el lastre que suma a nuestra existencia. En muchos casos la penitencia es de por vida y se debe cumplir a perpetuidad, hasta que la muerte cancele la deuda contraida. 
La gravedad de la falta determinarà el rigor y duraciòn del castigo. Podemos atentar contra otros, infringiendole daño, lacerando su fisico o su alma. Eso nos convertirà en acreedores a una sanciòn que harà padecer nuestro cuerpo o impondrà un suplicio a nuestra escencia inmaterial, transformandonos en presos de otros o de nosotros mismos. 
Existe otro tipo de prisioneros. Son aquellos que han sido avasallados por sus flaquezas, por sus vicios, por su debilidad de caracter. A esos le es dìficil lograr la redenciòn, pues sencillamente no quieren hacerlo. Han desatado fuerzas internas que no pueden controlar. Se han convertido en victimas de si mismos. La vida ha cancelado todas sus opciones. Ya no tienen oportunidad y sometidos a su propio yugo esperan el final o se regodean en su propia bajeza, acelerando su caìda, hundièndose en su miseria.  Hay quienes nacieron cautivos de una enfermedad incurable o faltos de razòn. Esos son prisioneros de su gènetica. De ellos sòlo los locos estàn a salvo, pues lograron evadir la prisiòn y viven en un mundo aparte, donde no hay reja que los contenga, muro que los encierre  o pena que los angoste. ¡Bienaventurados sean!
Pero no siempre todo està perdido, a veces cuando pensamos que  no hay salvaciòn posible, se enciende una luz que ilumina la ruta a seguir, es entonces cuando, haciendo uso de las pocas reservas morales disponibles desatamos un poder que habìa permanecido oculto, esperando el momento de ser liberado y se inicia el proceso de remisiòn. Hay quien dice que esa fortaleza, esa energìa, proviene de Dios, que es el quien nos tiende la mano. Otros piensan que todo està en la naturaleza humana, que se niega a ver morir lo mejor de ella misma y libera un mecanismo de autoregeneraciòn... Dios y hombre... Cuerpo y alma... Crimen y castigo. EFO.

domingo, 15 de marzo de 2020



LOS VISITANTES


Algunos llegan sin  previo aviso. Aparecen de repente y cuando nos damos cuenta ya estàn instalados. Se posesionan de nuestro cuerpo, invadièndolo, tomàndolo por asalto, ocupàndolo. Se posesionan de nuestra alma, plenàndola, llenàndola de sentimientos. Otros se hacen anunciar, vienen precedidos de un suceso, de una tragedia o  de un acontecimiento grato pero casi siempre nos sorprenden, impidiendonos vaticinar su llegada. Ellos, los visitantes, son circustancias, sentimientos, acontecimientos, cosas que nos pasan, algunas buenas y otras no tanto.
La enfermedad toca a nuestra puerta a cualquier hora. Este flagelo se viste de mil formas, muta de apariencia, se enmascara. La Tristeza nos visita de vez en cuando apresando el corazòn, poniendo un velo  sobre la razòn, plenàndonos de apatìa, de melancolìa, de desesperanza. El dolor viene aparejado con la enfermedad y en algunas ocasiones con  la muerte, laceràndo nuestro cuerpo, minàndo nuestras fuerzas, abatièndo nuestras defensas.
Pero no todo aquel que nos visita lo hace para nuestro mal. Tambièn la alegrìa y el amor estàn presentes en nuestro diario acontecer. Cuando aparecen nuestra vida se ilumina. Se llena de magia.  De todos los visitantes el màs temido, el màs odiado es la muerte, pues la sabemos definitiva. Entendemos que su visita se prolongarà por siempre.
Los visitantes, por su misma naturaleza, se convierten en asiduos. Siempre estàn con nosotros. A veces llegan juntos, otras por separado, pero nunca dejan de visitarnos. A nosotros, como anfitriones, nos corresponde aceptarlos o rechazarlos. Hay visitas gratas, deseadas, esperadas que nos llenan de emociòn, de contento. En contrapartida hay otras indeseables que nos perturban, alteràndo nuestro manera de ser, trastornàndo la diaria rutina, cambiàndo nuestra forma de vivir al contagiarnos de sentimientos negativos, malsanos.
Debemos estar preparados para recibir visitas y ello implica tener la casa en orden,lo que equivale a mantener mente y cuerpo sanos y el alma limpia, libre de rencores, distanciada del odio, de las bajas pasiones. Solo asì podremos soportar a los visitantes indeseables y agasajar debidamente a aquellos que queremos, a los que esperamos.  EFO.




LOS ENFERMOS


Nadie està sano. Todos estamos enfermos. Algunos de cuerpo, otros de alma, pero todos estamos enfermos. La enfermedad, desde el punto de vista mèdico, se define como cualquier estado donde haya un deterioro de la salud del orgànismo. Las enfermedades tienen sintomas que alertan de su presencia y causas que determinan el agente que las producen. Las efermedades del cuerpo se tratan identificando su etiologìa, para poder aplicar la cura. Las enfermedades del alma, casi siempre son asintomaticas, o de dificil detecciòn, lo que dificulta su sanaciòn, y al igual que las fisicas pueden darse en personas o en grupos, es decir, son particulares o generales. Para las primeras la medicina, en la mayorìa de los casos, cumple su objetivo. Las generales son de lenta incubaciòn, pero de efectos devastadores en el cuerpo social. Casi siempre las inocula un lider, con visos de mesianismo, se nutren de ideologìas, del malestar de una sociedad, hastiada de polìticas erradas que han erosionado su confianza, produciendo un sentimiento de rechazo general. Rabia, intolerancia, discriminaciòn y culpa son su caldo de cultivo. Las masas, acicateadas por sentimientos negativos, esperan su redenciòn tràs estigmatizar a grupos o personas a los que consideran causantes de la situaciòn que viven y de los males que padecen. Su pronòstico es reservado. Pueden durar un largo tiempo hasta que declinan, reiniciandose el ciclo y el colectivo se orienta a la busqueda de nuevos derroteros. Las particulares son leves, graves, transitorias y las màs severas, crònicas. Tambièn las hay benignas y malignas. Su duraciòn e intensidad vienen dadas por el agente que las produce y el daño que causan. 
El amor, es una enfermedad que se propaga por contagio. Un ser enfermo la inocula a otro sano mediante  una caricia, un gesto, una acciòn, o simplemente por un parpadeo de ojos, el fruncir de una boca ,el movimiento de un cuerpo  o un ondular de cabello. Sus consecuencias generalmente son demoledoras, pues minan la voluntad. Un enamorado es un poseso, que ha perdido control sobre sus emociones, entregando el dominio de su cuerpo, alma y mente a otro que en contrapartida hace lo mismo. El amor es una enfermedad reciproca. En su estado màs grave conlleva a un deseo irrefrenable de posesiòn, mutando a su variedad màs letal: los celos, que en muchos casos pueden terminar en tragedia.
El odio, es el grado màs evolucionado del rencor. Envenena el alma, nublando la razòn y negando toda posibilidad de perdòn. El odio es un sentimiento impuro. Es una enfermedad terminal, casi siempre inextinguible cuya unica sanaciòn es la muerte.
Los enfermos, fìsicos y espirituales, vagan por el mundo propagando sus males, contagiando a otros. Pocos estàn conscientes de la dolencia  que los aqueja, la mayorìa desconoce su estado y niega su enfermedad, lo que dificulta su remisiòn. 
Nadie està sano. Todos estamos enfermos.  EFO.

martes, 24 de diciembre de 2019




PACTA SUNT SERVANDA
(Lo pactado obliga)


Se pacta cuando no hay otra salida. Cuando las vías se han  cerrado. Cuando la contienda parece no terminar. Cuando los combatientes están exhaustos, imposibilitados de seguir guerreando. Cuando ninguno de los bandos quiere seguir peleando. Cuando se acaban los argumentos a esgrimir, cuando ya no queda más nada que probar. Cuando eso pasa hay que pactar, acordar, convenir, concertar. Un pacto no es una derrota, es un común acuerdo en el que ambos resultan victoriosos. En los pactos ceden las dos partes. Cada una da lo que le corresponde, lo que puede dar sin perder. En los pactos todos renuncian a lo que esperaban ganar. Se trata de una retirada honrosa del campo de batalla, sin tener que recoger los muertos, perder el parque, arriar las banderas, cargar con la derrota. Un pacto no es una dimisión. Es entender que no es posible lograr todo lo aspirado y dar un paso atrás, replegándose a la espera de una mejor oportunidad, de un cambio en las condiciones, de nuevos vientos, de renovados bríos. Un pacto es, aunque a veces parece lo contrario, una forma de avanzar, pues implica la necesidad de explorar, de inventar, de buscar alternativas, nuevos caminos, otras vías, distintas maneras de lograr el objetivo que nos hemos trazado. En la vida hay que pactar, negociar, es la única forma de seguir viviendo.
Posponer no es perder, por el contrario, es empezar a ganar pues implica aventurarse de nuevo, volver a intentarlo, sólo que con otro método, en distinta oportunidad. Cuando posponemos algo estamos aceptando que en ese momento no es posible ganar, pues las oportunidades de perder son muchas, y superan con creces a las de ganar.
El pacto más importante, el que mejores frutos rinde, el que nos ayuda a avanzar, es el que hacemos con nosotros mismos. En el analizamos todas las opciones que tenemos frente a los avatares de la vida. Lo hacemos sin guardar secretos, sin escamotear realidades, sin ocultar nada, pues no tenemos nada que ocultar ya que nos conocemos lo  suficiente como para no tolerar nuestras propias mentiras. Una vez sincerados, comenzamos a negociar. Lo pedimos todo y poco a poco empezamos a ceder, a consensuar, a admitir lo que no podemos lograr y a conformarnos con lo que tenemos y podemos conseguir. Agotadas las posibilidades enfrentamos la realidad de lo que somos y es entonces cuando estamos listos para firmarlo. Ese pacto debe convertirnos en mejores personas, en seres más tolerables, en individuos centrados, en lo que siempre debimos ser: nosotros mismos.  EFO.

domingo, 13 de octubre de 2019



EL PASO DEL ÁNGEL


Nadie sabe exactamente cuando se abre un espacio entre dos. A veces pienso que ese vacío de palabras, esa ausencia de gestos, esa falta de casi todo, ese silencio ominoso que termina por tragarlos, se produce en un instante, o se gesta durante años y se manifiesta en ese minuto en que ambos callan, en ese imperceptible tiempo en que entre ellos pasa un ángel.
En la antigua Roma, cuando se nombraba a una persona fallecida se mantenía un respetuoso silencio para honrarla y se decía que su ángel pasaba durante esa pausa que se le ofrecía. A veces el silencio se aposenta, no en señal de respeto, sino de dolor, otras encubre una intención, persigue un fin. Se calla por temor, por prudencia, por obligación y también por amor. Según La Cabala el silencio, entre dos o entre muchos, suele aparecer cada 20 minutos, pues ese es el tiempo en que se turnan en su labor, rotando en sus puestos, los 72 Ángeles Custodios.
El silencio, el paso del ángel, puede durar mucho tiempo o ser transitorio, todo depende del daño que hayan acumulado los silenciados, de lo que tengan uno en contra del otro, de la gravedad de las ofensas, del tamaño de las heridas infringidas.
El silencio, además de corto o largo, también puede ser liviano o pesado. Es liviano cuando se hace llevadero, cuando los enmudecidos se permiten licencias en su actuar,cuando lo rompen parcialmente con una mirada, con un gesto, con una frase dicha al voleo. Es pesado cuando gravita como una losa, cuando lo ocupa todo, cuando se hace sordo, lento, insuperable. Ese silencio, solo es comparable al de los muertos, al de aquellos que no hablan, ni lo harán,  por siempre jamás. El silencio pesado es un fardo, un lío, un paquete de resentimientos que nos resulta muy dificil cargar, pero que tenemos que soportar.
Hay silencios personales y también colectivos. Los primeros nos atañen a nosotros mismos por ser sus creadores. Somos responsables de sus consecuencias, pues los alimentamos y mantenemos, ocupando un tiempo en el espacio. Los colectivos son generales, no tienen un solo dueño, los fabrican un grupo indeterminado, les pertenecen a todos y a todos afectan. Ambos silencios pueden ser ambivalentes, producir sentimientos encontrados y a veces son indefinidos, abstractos, imprecisos. 
El ángel del silencio nunca habla, siempre calla. El ángel del silencio asorda con su mudez, nos perturba con su ausencia de ruido, con su falta de sonido. El ángel del silencio es un ente que se queda  estacionado, quieto, suspendido. Ese ángel suele ser terrible, fatal, total, feroz es un "...ángel que pasa, besa y te abraza... ángel para un final."  EFO.

lunes, 30 de septiembre de 2019




CONTIGO EN LA DISTANCIA


Los obligados a mantener la distancia conviven sin tocarse, siempre mirándose, condenados a oírse, a sentirse, pero nunca a rozarse. Marcar distancia es un acto que puede ser voluntario o involuntario. Muchos se obligan a mantenerse separados de los demás, de aquellos a quienes más quieren, y de otros a quien quieren menos. Esa distancia es consentida, buscada, se trata de un hecho emanado de nosotros mismos. La otra forma de separarse, la involuntaria, es impuesta, es una disposición que tenemos que acatar, queramos o no. Aquellos que fueron arrojados de la mente y corazón de otros, son distanciados involuntarios.
Cuando termina una relación, cuando entre dos se hace un vacío, ambos marcan distancia. Esa distancia se espacia en el tiempo y a veces se convierte en un largo trecho que nunca más se vuelve a recorrer; pero cuando la separación se hace odiosa, insoportable, hay quien intenta regresar, y muchos lo logran, pero algo cambió, ya no es lo mismo, se perdió parte de la magia que los unía, se produjo una fractura. Es imposible pegar los pedazos de un jarrón roto, sin que quede una marca, una cicatriz. 
La distancia es física y espiritual. El espacio que media entre dos determina la primera. La segunda viene dada por nuestra actitud frente a ese hecho. Se puede estar distanciado, muy distanciado, de alguien pero convivir con el, verlo todos los días, compartir, casa, cama y comida. La distancia espiritual es frialdad del alma, ausencia de cariño, la física es tierra, mar, aire de por medio. Ambas pueden darse juntas o por separado, todo depende de la intensidad del rechazo, de la gravedad de la ofensa, de la necesidad de alejarse. Los distanciados no viven solos, simplemente viven alejados de quien ya no sienten próximo,  de quien no pueden o no quieren ver, ni sentir cerca.
Hay distanciados, que añoran acortar distancias, que desean volver a juntarse, a unirse, pero están impedidos de hacerlo por razones ajenas a su voluntad y a la de quienes se encuentran separados, esos son los los desterrados, los condenados a prisión, los extrañados.
Cuando era niño, en la escuela, nos obligaban a tomar distancia del compañero que nos precedía en la fila y  de los que teníamos a los lados, para hacerlo debíamos extender los brazos, manteniendo el espacio que determinaba la longitud de nuestras extremidades. Allí, en la escuela, aprendí a tomar distancia, distancia física, alejamiento corporal. Mas tarde aprendería a hacerlo espiritualmente. Hoy, tomo distancia, mantengo distancia, me auto margino. Es una forma de vivir, separado, alejado... a gusto. EFO.

domingo, 8 de septiembre de 2019


NACÍ  DE VIEJO.

Debo confesar que no se que, ni como pasó. Hoy a despertarme supe que algo había cambiado. Me sentí distinto, raro, confundido. Sin entender como empecé a vivir una paramnesia de algunas experiencias que había tenido previamente, un Déja vu, pero lo extraordinario era que realmente estaba pasando por esas situaciones. Entonces entendí: había nacido de nuevo, pero esta vez no como niño, sino como viejo. Comprendí que mi vida anterior había sido solo una preparación para este nuevo comienzo.
Cuando naces, de niño, no tienes control sobre tu futuro. No sabes que serás, ni como llegaras a ser. Cuando naces, de viejo, puedes decidir como será tu nueva vida. Que quieres ser y como lo vas a hacer. Eres capaz de planificar todos y cada uno de tus actos. La experiencia que has acumulado te permite sortear los obstáculos. Manejar las situaciones. Obtener los resultados que quieres. Cuando naces de niño no puedes volver sobre tus pasos, sencillamente porque no existen esos pasos. Cuando naces de viejo puedes volver sobre tu vida pasada para modificarla. Puedes subsanar los errores que cometiste. Es una segunda oportunidad que se te ofrece para que hagas las cosas como crees que debiste haberlas hecho. Y así comencé a vivir. Hice un balance de mi vida pasada, dividiéndola en dos grandes capítulos: lo bueno y lo malo y estos a su vez en tantos sub capítulos como fuesen necesarios. Llené una página con mis amores. Los que tuve. Los que no tuve, pero quise tener y los que me tuvieron, sin que yo lo quisiera. El balance, al final de la hoja, fue negativo. Más quise querer, que lo que en realidad quise. Repasé todas las opciones posibles, ensayando con uno y otro amor pasado, una eventual unión perdurable y concluí que por esa vía no llegaría a ninguna parte. Decidí comenzar desde cero y en eso estoy: buscando un nuevo amor. Llené la página del éxito y no salía  de mi  asombro: estuve a muy pocos metros de alcanzar la meta. Entonces me pareció lógico, insistir en la formula que apliqué, pero introduciendo pequeñas modificaciones en algunos aspectos. Ya comencé a trabajar en eso. De mi infancia estoy borrando situaciones dolorosas, que no debí haber sufrido y que pude evitar, igual cosa estoy haciendo con mi juventud, a la que sometí a un proceso de aquilatamiento total. Definitivamente ahí hay que trabajar y mucho. Mi adultez no precisa de mayores ajustes,  pero si es necesario borrar algunos pasajes que si bien no llegan a ser negros, si son bastante grises. De la vejez, salvó la capacidad de mirar a distancia y el conocimiento acumulado, no hay otra cosa que preservar pues todo será borrado.
Cuando empezamos a vivir como niños todo es nuevo, pero cuando empezamos a vivir de viejos la vida es distinta. Hemos aprendido a valorar lo que se nos ofrece. Caminamos con más cuidado, contando los pasos, mirando donde pisamos. Definitivamente es una experiencia única ya que empezar a vivir implica aprender a reír, a llorar, a soñar y, por supuesto, envejecer otra vez.  EFO.




ENTRE ESPÍRITUS TE VEAS

Tres son los ángeles que rigen nuestra existencia: Guarda, Amor y Muerte.  Al de la guarda no lo vemos nunca, pero intuimos que está allí, a nuestro lado, protegiéndonos, vigilándonos. El ángel de la guarda no interfiere  en nuestra vida, no se mete en ella, no dicta pautas de comportamiento, se limita a cuidarnos, a evitar que algo malo nos pase. Su presencia es natural, pues nos fue asignado el mismo día que nacimos.
El ángel del amor norma nuestro ciclo vital. A ese tampoco lo conocemos, pero si podemos sentirlo. Es un ser cálido, que nos permea, nos invade, se apodera de nosotros obligándonos a comportarnos de otra manera. Es un ángel universal. 
El ángel de la muerte determina nuestra vida. Es el encargado de ponerle fin o de permitir que esta se prolongue por un tiempo más. Tampoco conocemos al ángel de la muerte, pero imaginamos como es. En nuestra angustia existencial lo vemos como un espectro, con cara de calavera, manos huesudas y risa siniestra. 
De los tres solo el ángel de la guarda, está a nuestro servicio personal. Su única función es protegernos. El ángel del amor es compartido, nos gusta pensar que es un solo ángel quien cumple esa misión. Es selectivo, escoge a quienes repartirá su magia. El ángel de la muerte es comunitario, nos pertenece a todos, no hace distingos entre iguales, cumple su tarea sin aspavientos, sin prisa, pero tampoco sin pausa, ese ángel es desesperadamente igualitario, no escoge.
Al ángel de la guarda, generalmente lo ignoramos, no sentimos su presencia, no nos importa que esté o no cerca de nosotros, nos es indiferente. El ángel del amor es el más deseado, siempre queremos tenerlo a nuestro lado, compartir su hechizo, disfrutar la fascinación que ejerce, solazarnos en su encantamiento. El ángel del amor es querido. El ángel de la muerte es temido, no queremos saber de él. Nos espanta su sola mención. Quizás lo que más nos asuste es que es inevitable, que siempre, siempre nos alcanzará, que nunca dejará de presentarse.  
Cuando entre espíritus te veas recuerda que tres son los designios: vivir, amar y morir, y tres los ángeles encargados de hacerlos cumplir.  EFO.

sábado, 7 de septiembre de 2019




LA DIARIA LUCHA

Los caminos de la mente son engañosos, difíciles de transitar, llenos de vericuetos, poblados de inseguridades, de situaciones confusas. La mente es falaz, traicionera. Nos propone enigmas que resolver, nos plantea silogismos que nos llevan a conclusiones equivocadas, pues parten de premisas falsas. Casi siempre, juega su propio juego, con sus propias fichas, con su cartas marcadas, con sus dados cargados.
La mente vive dentro de nosotros, no sabemos exactamente donde, pero, al igual que el alma  habita un espacio. Alguien la definió una vez como un centro neural que controla los sentimientos, las emociones y cualquier otra manifestación que no podamos explicar de manera racional. Es como una base de operaciones que nos gobierna y a la que en ocasiones podemos gobernar. 
La mente crece segundo a segundo, minuto a minuto, día a día; como la hiedra nos va cubriendo, arropando, poseyéndonos. Es difícil, muy difícil escapar a su control y más aún  controlarla. Poseedora de  una química compleja se auto gobierna, evadiendo cualquier freno. Hay quienes nacen con la mente enferma, lo que conlleva, en la mayoría de los casos, a la autodestrucción. Hay quienes logran someterla y hay quienes haciendo  uso de la suya, controlan a otras mentes, influyendo  sobre ellas, dominándolas a su antojo, pero nadie es capaz de subyugarla plenamente pues es escurridiza, astuta, incontrolable. La mente juega con los recuerdos, para modificar nuestra conducta, elabora pensamientos, buenos y malos, concibe juicios de valor sobre personas o hechos, plantea dilemas, emite opiniones, toma decisiones. No descansa nunca, siempre está al acecho.
El mayor reto que enfrentamos es ponerle sordina a sus desvarios someterla a nuestra voluntad, impedir que nos avasalle, pero ello implica establecer reglas de conducta que regulen pensamientos y actos, fijar pautas de comportamiento que la contengan, disciplinando cuerpo y alma. Es una lucha ardua, sostenida, de nunca acabar, que no ganaremos totalmente pero que nos permitirá vivir en equilibrado balance, nos dará sosiego y mantendrá alertas.  EFO.



viernes, 6 de septiembre de 2019


VOLVER A EMPEZAR... EMPEZAR DE NUEVO


Todas las mañanas, cuando despertamos, nacemos otra vez.  La rara alquimia de la vida nos concede cada día el don de volver a empezar... de empezar de nuevo. Es otra oportunidad que tenemos para enmendar aquello que tengamos que enmendar. El futuro es hoy, no mañana, mañana no existe, mañana es apenas un accidente gramatical. Tampoco el presente existe. Hace apenas un momento el presente que vivíamos se convirtió en pasado. El pasado es la ecuación a resolver. Es lo que tenemos que corregir, si queremos vivir el hoy-futuro. No se trata de quedarnos estacionados en un tiempo ido, pues quien vive en el pasado muere en el presente, no, la idea es hurgar en ese pasado que construimos para reconstruir aquello que pensamos hicimos mal. Ahora es el momento de arreglar lo que haya que arreglar. Es el tiempo justo de perdonar, de aprovechar las oportunidades que desechamos, de enderezar lo que torcimos. Salgamos a buscar a quienes marginamos de nuestro vida y que ahora pensamos que nunca debimos haberlo hecho. Abramos las puertas que una vez cerramos, desandemos las rutas que transitamos y volvamos a caminar de nuevo.
Hagamoslo ahora, ya, hagamoslo con la urgencia que el caso requiere pues muy pronto puede ser tarde.  La vida, nos da, pero también nos quita. Cada día nos ofrece una oportunidad de volver a empezar... de empezar de nuevo, pero cada noche nos arrebata esa misma posibilidad. Cada noche se agota el tiempo que nos concede. No sabemos si volveremos a despertar, a renacer. Los acontecimientos se precipitan. El circulo que se abre se cierra. Somos prisioneros del torbellino de nuestro tiempo, vivimos dentro de su vórtice,  y no podemos escapar. No hay salida.
Nunca es tiempo para no hacer nada. Siempre es tiempo para hacerlo todo. Para volver a empezar. Cuando nacemos, no empezamos a vivir... empezamos a morir. El tiempo corre en nuestra contra, nunca a favor. No se detiene. Somos nosotros quienes nos quedamos detenidos, anclados a un pasado que se convierte en rémora. 
El pasado es el presente de hoy y hoy es el futuro de mañana y ese futuro estará determinado por los momentos que lo precedieron. No podemos cambiar el pasado, pero si diseñar nuestro futuro, hacerlo a nuestra manera. Si corregimos hoy aquello que hicimos ayer estaremos cambiando nuestro futuro. Si hacemos las paces con un enemigo, estamos ganando un amigo, sumando a otra persona a nuestra vida que de una u otra manera influirá sobre ella. Si retomamos una iniciativa que habíamos abandonado abrimos nuevas posibilidades de desarrollo personal. Hagámonos una introspección para determinar que podemos cambiar y cambiemos. Volvamos a empezar. EFO.

sábado, 15 de junio de 2019



 ENTRE MORRIÑA Y SAUDADES



Todavía no se como sucedió. En cualquier hora de mi tiempo, al abrir la puerta, sentí que traspuso el umbral y desde ese momento  ha ido tomando forma, ocupando espacios, invadiéndolo todo. Avanza sin prisa, pero sin pausa, como si fuese un ejercito de ocupación me mantiene bajo un ataque sistemático, ininterrumpido. Ayer se hizo presente en el dormitorio. Llegó de pronto, sin anunciarse. Me tomó por sorpresa; incapaz de defenderme, opté por rendirme. Confieso que al principio no le dí la importancia que merecía, pues me pareció intrascendente. La subestimé y como consecuencia de ello ahora la tropiezo en todas partes; sin poderla esquivar estoy obligado a compartir con ella lo que hasta ayer era de mi absoluta propiedad. Se sienta en mi sillón, viste mi ropa, come de mi plato, lee mis libros, contesta el teléfono. Está adosada a mi, la se pegada a mi cuerpo, tatuada en mi  mente, clavada a mi alma. Estoy confundido. No puedo desembarazarme de esa sensación de inquietud, de desasosiego que me embarga y que no puedo definir con propiedad. Es como si me faltara algo pero no logro saber con exactitud que es. En mi duermevela creo sentir el llamado de mi tierra, de mi casa, de mi gente. En mi vigilia escucho el sonido de voces lejanas, que me hablan de amores viejos, de quereres olvidados, de gente ya ida. Es una mezcla de sentimientos, de sensaciones, de emociones que me dejan triste, añorante, melancólico.
La melancolía es un estado de ánimo permanente, vago y sosegado de tristeza y desinterés, que se manifiesta como desanimo, abatimiento y apatía ante las cosas y ante la vida. Sentirla no sólo es echar de menos, sino tomar conciencia de la importancia que han tenido determinadas personas y momentos en nuestra existencia. Saber que nada será igual al instante interior y a las vivencias compartidas. Para los portugueses melancolía es Saudades, es el punto de encuentro entre la alegría del recuerdo y la tristeza por la ausencia. La Saudades que más duele es la de quien ama. Es saborear la faceta agridulce de la añoranza, aquella que integra los polos mas opuestos, conformando un cierto equilibrio que a  veces consuela. Es recuperar la sensación que algún día nos fue placentera.
Los nativos de Galicia, identifican la melancolía con la tristeza que se siente cuando se está lejos de la tierra en la que se nace. A ese dolor lo llaman Morrina. La Morriña es un sentimiento de identidad por dejar todo atrás, familia, amores país.
Muchas veces Morriña y Saudades se usan como sinónimos, pero son sentimientos diferentes. La Saudades siempre resultó difícil de definir. La Morriña puede ser, en algunos casos, una consecuencia de la vivencia de la Saudades. Lo que caracteriza a la Saudades es la carencia de significación psicológica. Lo contrapuesto de la Morriña es la euforia, lo contrapuesto de la Saudades es el éxtasis místico.
Atrapado entre Morriña y Saudades, preso de la melancolía, me veo obligado a vivir mi diaria existencia que por ahora se centra en la búsqueda de mi propia identidad. EFO.

lunes, 10 de junio de 2019



PERDON, VIDA DE MI VIDA


Perdón es disculpar a otro por una acción considerada como ofensa, renunciando eventualmente a vengarse, reclamar un justo castigo o restitución. El perdón no debe confundirse con el olvido de la ofensa recibida; pero el perdón tiene sus variantes. Atendiendo a la forma en que se concede podemos distinguir tres tipos básicos: Perdón Pleno, perdona y olvida, Perdón Parcial, perdona pero no olvida. Perdón Condicional, subordina algunos o todos los efectos del perdón al seguimiento por parte del perdonado de ciertas reglas de conducta o al cumplimiento de cualquier otro tipo de condición. Ademas el perdón puede ser Espontáneo o Solicitado: el solicitado se produce tras la petición de disculpas del ofensor, el espontáneo  sin tal petición y finalmente según sea quien perdona,  el hombre o Dios, el perdón será humano o divino.
El perdón es esencialmente humano. Cuando nos es concedido podemos estar seguros de haberlo recibido. El perdón Divino no es posible de probar. Solo lo aceptamos mediante un acto de fe. Confiamos en que Dios, perdona nuestros pecados. 
El perdón es liberador, gracias a el drenamos una carga de resentimiento, de ira, de dolor, que mantiene atada una parte de nuestro ser interior. Al perdonar no sólo otorgamos a otro un beneficio, también nosotros nos hacemos beneficiarios Perdonar a otros es bueno, pero quizás más importante sea perdonarnos a nosotros mismos. Cuando eso hacemos iniciamos un diálogo con nuestra alma en busca de aquello que consideramos perdido, tratando de rescatar lo que dejamos en el camino, lo que queremos conservar, lo que nos interesa tener. Perdonarnos a nosotros mismos es perdonar los errores que cometimos, entendiendo que somos falibles, que está permitido equivocarse, que es licito fallar. Para perdonar nuestras faltas debemos primero reconocerlas, luego arrepentirnos de haberlas cometido y por último establecer la firme disposición de no volver a incurrir en ellas. Perdonarnos a nosotros mismos es asistir a nuestro propio juicio donde somos juez y parte y al jugar ambos roles estamos obligados a emitir un fallo, pero también sentimos la necesidad de ponernos a salvo, de eludir el castigo. Tenemos que ser duros, pero a la vez flexibles pues de lo que se trata es de mejorar, de crear herramientas para salir adelante, para volver a comenzar. 
Los judíos, desde los tiempos bíblicos, entendieron la importancia del perdón y el arrepentimiento y establecieron el Yom Kipur, que es considerado el día más santo y solemne del año. Su tema central es la expiación y la reconciliación; así también lo entendió Daniel Santos cuando canta:
                                             Perdón, vida de mi vida,
                                             perdón, si es que te he faltado, 
                                             perdón, cariñito amado,
                                             ángel adorado, dame tu perdón. 
EFO.