viernes, 17 de agosto de 2018






LOVE HISTORY


Cuando ya no te cabía mas rabia en el cuerpo ni despecho en el alma. En el paroxismo de tu amargura te oí decir: Ojalá  te mueras. Te quedé mirando y  me fui. No supe que contestarte. Hoy pienso que debí decirte que lo que deseabas era imposible, pues no puedo morir porque mi vida te la dí. Si quieres que muera  devuelvemela  pues solo mueren aquellos que están vivos, los que tienen vida... y yo no tengo, la mía la tienes tu.
Hay noches en que apago la luna para soñar contigo. Hay noches en que me arropo de luceros para no ver el brillo de tus ojos. Si ves que la tarde se oscurece no pienses que amenaza tempestad, solo le robé la luz al sol para alumbrar tu regreso. Así pasan mis días. Contigo. Sin ti. Aunque no lo quieras sigues viviendo en mi. Una vez alguien dijo que los recuerdos tienen sabor, que saben a olvido, que se esconden en las gavetas para que nadie los vea, que viven en las fotografías y que salen de vez en cuando a pasear por los caminos de la mente.
Tu ausencia empobreció mi existencia y convirtió a mis ojos en mendigos de tu mirada. Tu ausencia me sembró de vacío. A toda hora reniego de tu partida. Todavía guardo la imagen, de cuando tus lagrimas te besaban los labios...  y yo también. Eran otros tiempos. Llorabas por cualquier cosa y al preguntarte la causa simplemente reías. Lloró de felicidad, por estar contigo, decías. Pero esos días ya pasaron. Se fueron casi sin que lo advirtiéramos. Una mañana desperté y ya no estabas. Tu pelo había dejado de teñir de negro mi almohada y tu aliento ya no incendiaba mis sueños. El olor de tu cuerpo se había desvanecido en el aire, se había ido tras de ti, siguiéndote. Se fue contigo. Y al final llegó el final. Ahora soy como un gato realengo, sin dueño, como una sombra que se acuesta sola en la alfombra. El dogal de mi angustia secuestró mis ansias y ahora se cierra premonitorio sobre mi. 
Me creerías si te digo que todavía no se que nos pasó. Porqué todo acabó. Que medió para que eso sucediera. A veces pienso que mi amor fue la causa de tanto mal. A fuerza de quererte quedé sin aliento para seguir haciéndolo y al no poder mas, dejé de amarte. En otros momentos creo que la culpa fue tuya. Que te acostumbraste tanto a mi, que pasé a formar parte indivisible de ti y al dejar de existir como yo, ya no tenías a quien querer. El amor, niña, es como el hálito de un perfume, como la luz de la primera aurora, como un suspiro. El amor es tenue, frágil, volátil, caprichoso, dúctil, maleable. El amor, niña, es etéreo, pero vivaz, hay que mantenerlo, alimentarlo, cuidarlo, hacerlo crecer. Hay, en suma, que sorprenderlo. Y eso quizás fue lo que nos faltó: la sorpresa, la angustia, el sobresalto, el miedo a perderlo. La falta de riesgo. No fuimos audaces. No nos atrevimos a convertir nuestros sueños en atormentadas pesadillas. No lo acicateamos. No lo quisimos. Y ahora estamos tu yo separados, cada uno en un rincón, rumiando amarguras. Tu, odio, rabia, despecho y yo, soledad, angustia, desesperanza. Nos llegó el final.  EFO.

domingo, 12 de agosto de 2018



LA INFRANQUEABLE  BARRERA


Todo empezó con una pesadez en el cuerpo. Una flojera extrema. Unas irresistibles ansias de no hacer nada. Era como si alguien o algo me hubiera sorbido las fuerzas, secuestrado los deseos, mutilado las ganas. Poseído ya de esa laxitud no reuní la entereza necesaria para oponerme a ese algo que me invadía y que me era imposible conjurar. Poco a poco, casi sin darme cuenta, me dejé llevar.
Una noche, no recuerdo cual, no pude levantarme del sillón. Mis piernas no respondieron - bueno, en realidad no quise ordenárles nada, - se quedaron inmóviles, estáticas, endurecidas, muertas. Y allí, en el sillón, me encontró el otro día. Al fin, después de mucho esfuerzo, logré pararme y ahora estoy en esta cama tendido, incapaz de mover un solo musculo, prisionero de la Abulia, que no es más que una forma extrema de apatía. La carencia total de energía vital. La perdida o falta de voluntad para tomar decisiones, la dificultad extrema para iniciar o terminar algo. La perentoria necesidad de posponer todo.
De tanto pensar en cuando, como y porqué me convertí en abúlico he llegado a la conclusión que nunca hubo un cuando, un como o un porqué, pues creo que desde siempre lo he sido. Ahora pienso que la abulia es una condición inherente a mi, es decir que nació conmigo el mismo día en que yo lo hice. Desde siempre he postergado las cosas. Nunca he podido completar una tarea, por insignificante que ella sea. La gente cercana me llamaban flojo, sin sospechar siquiera que bajo esa aparente indolencia se escondía un mal, que poco a poco me inmovilizaba, sorbía mi voluntad,  me paralizaba. Cual sombra avanzaba día a día, noche a noche, sin que nada, ni nadie pudiera detenerlo. Ese mal ya se convirtió en absoluto al adueñarse totalmente de mi cuerpo y mente. Hoy me es difícil, muy difícil, construir una idea completa, enhebrar una sarta de pensamientos, articular un discurso coherente, caminar unos pocos pasos, realizar cualquier tarea. Poco a poco he ido perdiendo mis facultades físicas y mentales es como si una nube me cubre, me plena, me invade. Me siento prisionero de mi mismo, de mi incapacidad, de mi imposibilidad de seguir siendo yo, pues ahora ni siquiera puedo experimentar placer por las cosas más sencillas, como comer, caminar, leer,  y sufro además de una falta absoluta de interés por todo, carezco de estímulos y no tengo fuerzas ni para cuidar de mi mismo. Estoy frente a una barrera que luce infranqueable, solo que ese muro no está fuera sino dentro de mi.  EFO


sábado, 11 de agosto de 2018




LOS IMPENETRABLES SECRETOS



Ayer descubrí que he sido bendecido con un don. Que soy capaz de desentrañar misterios insondables, ancestrales. Que no hay nada oculto que no pueda saber.
Ese regalo, me vino dado sin que mediara en ello ninguna intención de mi parte, fue involuntario. Se me concedió sin que lo buscara, pues ni en mis más alocadas fantasías pude haber imaginado que era poseedor de esa cualidad, pero la tengo y desde que la descubrí empecé a usarla.
Ahora sé como se produce la tinta que tiñe las hojas de los árboles. Supe cual es el verdadero color de las aguas del mar. Logré desentrañar los cambios en los tonos del cielo. Entender el delicado mecanismo que hace posible que las nubes adopten cualquier forma. Al fin se como cantan los pájaros, porqué se arrastran las serpientes, como crecen las matas de hierba, cuando beben agua los peces y cuando descansan las hormigas. Pude descifrar el repiquetear de la lluvia, los gemidos lastimeros del viento, la furia de las tempestades, el poder del rayo, el fulgor de los relámpagos, el fragor del trueno, la frecuencia en que se producen las olas. Me fue dado conocer como nace el fuego, porqué quema y cambia de forma. Le vi la cara a la muerte, me la  mostró la noche. Entiendo que el tiempo no es eterno, que es cíclico, que se repite. Intuyo cuando llegará la depresión y como crece la angustia, estoy instruido en el arte del miedo y como se infunde.  He sido advertido sobre el minuto exacto en que el ocaso muere y nace la noche y en el que esta da paso al alba y el alba al día. Estoy enterado cabalmente del sentimiento de los asesinos. Me fue comunicada la alquimia del amor y el valor de la amistad.  Ahora soy capaz de adentrarme en los laberintos de las mujeres. Puedo saber, a ciencia cierta, cuando mienten, cuando sus lagrimas son falsas, cuando engañan. Discierno entre el bien y el mal. Fui avisado sobre el poder de las maldiciones. Penetré los secretos arcanos, esos que nunca han sido revelados, los que nadie conoce, los que todos temen conocer. Presiento toda traición, percibo cualquier engaño. Escucho hablar al silencio. He viajado con la luz, navegado con el ruido. Entiendo las voces de los animales. Puedo ver lo ultimo que vieron los ojos de los muertos. Siento su soledad, la que les comunica la fosa en que habitan. Soy un versado en la naturaleza de las pasiones, de todas ellas, del amor, de los celos, del deseo, del odio, de la lujuria, de la envidia, de la vanidad, de la gula, del rencor, de la venganza. Conozco todos los secretos de confesión. Estoy, en suma, por sobre todas las cosas, más allá del bien y del mal. 
Se todo y mucho más, pero tengo una limitación, una incapacidad: no puedo revelarlo, no me es permitido contárselo a nadie. Y por eso los misterios, los enigmas, seguirán siendo eso: misterios, enigmas y nunca nadie, excepto yo,  podrá conocerlos.  EFO.

domingo, 29 de julio de 2018




EL REGRESO


Marcando los pasos, contándolos empecé a regresar. Lo hago después de medio siglo. Si saber como, ni porqué me vi parado frente a la casa donde viví por mucho tiempo y al contemplar su fachada  decidí que este viaje que hoy comienzo debo hacerlo en paralelo: en cuerpo y mente. Visito los lugares que desde siempre me fueron familiares pero que ya no son los mismos. Han cambiado a tal punto que me es imposible reconocerlos, por eso los evoco como eran. Camino por el barrio de mi infancia y juventud. Recorro sus calles, me detengo frente a  sus casas, voy a  los sitios en los que solía pasar un tiempo importante. Dejo que los recuerdos vengan solos, no fuerzo  ninguno y siento el choque brutal entre lo que fue y lo que es. Todo cambió, nada es igual. Su gente no es su gente. Sus calles no son sus calles, su aire no es su aire, sus voces no son sus voces. Yo ya no soy yo.
El paisaje urbano, mi paisaje urbano se desdibujó. Ya nada de lo que existía está en pie, ni en la tierra, ni en mi mente. Quizás noto el cambio profundo porque la ausencia fue muy larga. No me di tiempo para una transición ordenada. No puede ver la evolución. No hubo gradualidad entre mi ayer y este presente que me avasalla. No me pude adaptar a la transformación  porque no me permití intermedio solo pasado y presente, sin paso previo. El contraste es  devastador. Todo mutó al punto que no hay una cosa, o persona que me sea familiar. 
Asustado, dejo mi barrio. Mis pasos se vuelven ingrávidos, leves, sutiles. Ahora camino dentro de mi. Me visito. Me comparo. Y el resultado es el mismo: no me reconozco, no me encuentro, no se quien soy. ¿A donde fue el que antes me habitaba?  No lo se. Siento que ya no está, que hace mucho tiempo se marchó con todo aquello que me pertenecía. Se llevó mi trencito gris, mi gato negro, mi bicicleta, Rin 24, (esa que tenía un letrero que hasta hace poco tiempo puede descifrar: The true temple steel bicycle), también a mi novia de mirada triste y gestos provocadores,  a la dulce voz de mi madre, a las noches bordadas de luces que apresaba con un gesto de mi mano. Ya nada tengo. Todo lo perdí. Se lo tragó un agujero en el tiempo. Ese mismo agujero, que amenazante, se abre frente al presente que insiste en mantenerme aquí. 
Ahora detengo mi andar. Ya no camino. Reposo. Poco a poco una laxitud se apodera de mi. Mis manos se entumecen, siento mis pies fríos. Mis ojos se cierran. Las palabras se niegan a salir. Ya no puedo oir.
Me dejo ir despacio, sin apuros, ayuno de urgencias, poco a poco, lentamente. Comienzo a regresar... a volver.  EFO

lunes, 2 de julio de 2018






DESCANSA EN PAZ


No recuerdo si fue el sábado o el domingo, cuando desde el periódico saltó el aviso con inusitada violencia, chocando con los anteojos y nublándome la visión. Después regresó a su lugar de origen y allí estaba, con letras elegantemente dispuestas en aireadas galeras, bajo la infaltable cruz.
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Ha fallecido cristianamente el Señor Eleuterio Gómez (Q.E.P.D.)
su viuda, Josefína de Gómez; sus hijos Clara, José y Margot; su madre, Andreína de Gómez, hermanos, tíos, primos, sobrinos y demás familiares y amigos invitan al acto del sepelio que  se efectuará...

De inmediato, no se por qué me vino a la memoria la infancia compartida con el tiempo, la adolescencia jugando a ser adulto, la época de la rebelión. Repasé el acto de grado, el matrimonio (era linda ella, ahora el tiempo ensaya trazos en su rostro), el nacimiento de mi primera hija, los amigos, las cervezas tomadas y las que se quedaron llorando nostalgias de espumas en el fondo del vaso. Entonces decidí que era importante que yo estuviera allí. Pensé que era mi deber asistir y mi obligación estar presente. 
Mi mujer escogió la ropa por mi. Seleccionó el flux crema (el mismo que me regaló en mi cumpleaños), la camisa azul clara y por supuesto la corbata negra.
Y heme aquí. Ya tengo casi doce horas en la misma posición. Es raro, pero no me he movido. No he tenido  necesidad de hacerlo. Los he visto, uno a uno, desfilar ante la pulida caja. Trazar manchas, con su aliento en el cristal y balbucear una frase que suena a excusa, sin llegar a ser exactamente eso. Pareciera que tienen la obligación de hacerlo.
Clara, José y Margot no han dejado de llorar. La viuda está inconsolable. Sólo noté cierta alteración en ella cuando entró la morena vestida de blanco, que no sé por que causa perturbó al viejo Pedro y provocó una sonrisa burlona en Margot. Pensándolo bien, yo conozco a esa mujer. Estoy seguro de haberla visto. Sólo que desde hace ya dos días los recuerdos parece que se difuminaran en mi mente, No puedo precisar los rostros, ni reconstruir con exactitud las situaciones.
! Es una cosa especial!   Ella me entiende a la perfección. Y fíjate en casi doce años de estar juntos, jamás me ha pedido que me divorcie y me case con ella.  Eso es lo que haría cualquier otra en su situación.  ¿o no? 
¿Tu que opinas?
- Bueno, yo...
Si, definitivamente es especial. No se, hace las cosas de distinta manera. Siempre está dispuesta. Nunca dice que no. Y tiene unas piernas preciosas. Ojala se las pudieras ver algún día.
-Yo se las vi y no son tan preciosas. He visto mejores.
- Se las viste. ¿Donde?
- Aquella vez que estabas con ella en Catia La Mar. ¿No te acuerdas?
- Ah si, claro. Lo que pasa es que tu las viste de otra manera. No 
como yo las veo.
- Piernas, son piernas, mírense como se miren.

Aja. Llegó Juancho. Definitivamente hermano, ese tipo si es hipócrita. Después que hizo lo que hizo. Se alzó con los reales y todavía demandó. Carajo, hay cada gente. Mírenlo, hasta parece que tiene ganas de llorar.
¡ Que calor está haciendo! Y Yo con este fluxecito. Lo que hace uno por cumplir. Como quisiera fumarme un cigarrito,

No fumes. No fumes tanto. Mira que eso hace daño. Tu como que no lees los periódicos, chico. Así  decía siempre mi mujer. Y cuando se cansaba de esa cantaleta empezaba con la otra: en esta casa ya no se puede estar. No fumes al lado de los muchachos, vale, muérete tu si quieres, pero no tienes derecho a matarlos a ellos. Te vas a morir del corazón.
Eso si duele. Empieza con una sensación rara, como si tuvieras el pecho  apretado. Y ese dolor en el antebrazo. Después te da la puntada. Los infartos no duelen, dicen los médicos. Que van a saber de eso si nunca les ha dado uno.
¿Y ahora que pasa?  Ay coño. Llegó otra vez la vieja. ¿ Pero a esa señora no se la habían llevado para su casa.? Mejor es que la dejen allá. Está muy vieja para esto. Como llora. Pobrecita. Tanto que luchó, Esa vieja si pasó hambre cuando su marido la dejó sola con ese muchachero. Pero así y todo echó pa lante. Es apretada.
Otra corona más. La gente está respondiendo. Sus amigos de Contabilidad.  ¿Amigos? Amigo es el ratón del queso y el pan de la mantequilla. Que amigos del carajo. Bastante vaina que echaron cuando lo del ascenso. No se cansaron de poner piedras. Pero al final  se jodieron. Nada pudieron hacer. Y ahora están mandando una corona. Segurito que más tarde vienen.
Y ahí está la vieja Rosa con Cristina. Vieja hipócrita. Esa si es verdad que convierte el azúcar en sal. Si no hubiera sido por ella... todavía recuerdo la primera vez que besé a Cristina. Cumplía 16 años y la cazé entre danzón y danzón. !Como cantaba ese Barbarito Diez! La veo clarita con su vestido rosado y ese pocotón de armadores almidonados debajo. En un descuido de la vieja me la llevé para la cocina y que para que me sirviera un palito y cuando abrió la nevera, zuas, le clavé ese beso, rápido pero sabroso, Se puso rojita y me dijo: tu estás loco, vale, no ves que ahí está mi mamá. Me reí. Voltié  y le ví la cara pelúa a la vieja. Ni se enteró.
Voy a tener que abrir los ojos. La gente se va a dar cuenta. No, mejor los dejo así, a nadie le importa. Yo me la paso durmiendo. Raro fuera que tuviera los ojos abiertos. Ahhh, que sabroso se siente así.
Se está haciendo tarde. ¿ Como que hora será? No importa, ya nada como que importa. El tiempo se mueve apenas tres veces: Ayer, hoy y mañana.
Llegó el café. ¿ Como cuanto costará este entierro? Un realero. Bueno, eso lo paga la compañía. No se. No estoy muy  seguro si el sindicato le clavó por fin a la empresa esa cláusula de entierros, Bueno, eso tampoco me interesa, al fin y al cabo yo no tengo que pagar nada de esto.
¿Y ese tipo bien raro que está en la esquinita quien será? Desde hace rato tiene unas sonrisitas con Clarita. Esta grandota esa muchacha. Ahorita se gradúa y se casa. Carajo. ¿No estará empatada con el bolsa ese? Porque ese tipo tiene cara de chulo.
Llegó Andrés. Ni un solo día fue al hospital. Me imagino lo que le estará diciendo a Josefina: Cuñada, nunca pensé que Eleuterio estuviera tan mal. De haberlo sabido, hubiera ido a verlo, pero usted sabe este trabajo que no me deja un tiempito libre.
Ni llora. Para que va a llorar. Lágrimas de cocodrilo, como decía mamá. Está viejo Andrés. Si cambió desde que la mujer lo dejó. Bolsa. Esa mujer si le sacó billete. Y le montó unos super cachos. Parecía un venao. Los hombres cuando se enamoran si son pendejos.
Me muero. Me muero. Parece que lo estuviera oyendo. Se fue quedando quietecito con ese huecote en la espalda. Yo creo que Cheo arrancó a correr tarde, cuando ya teníamos a los policías encima. Y eso era lo primero que le decían a uno ¨... en las manifestaciones lancen las bombas, miren a la policía y apenas caiga la botella y se prenda la gasolina, arranquen a correr. No esperen, aprovechen, cuando todavía están asustaos con el candelero.¨... Eso era como el Padre Nuestro. No arrancó y el policía lo cazó. Lo estaba cazando, desde que llegamos al murito del Liceo, el negrito le puso el ojo. Coño, ese policía me está mirando. 
Se murió Cheito y no me dijo como era la muerte. Ahora pienso que es como un dejarse ir. Como cuando uno se tira por un tobogán. Te empiezan a faltar las fuerzas, se te duermen las piernas y sientes un vacío en la barriga, una ausencia, una falta de algo. Cierras los ojos y empiezas a despegar. Todo está oscuro y allá, en el fondo, ves una lucecita que se va poniendo chiquita y más chiquita hasta que se apaga y no sabes donde estás. 
Y hablando de muertos. Miren quien resucitó. Carlitos, el ex-marido de  Margot. A mi siempre me cayó bien ese muchacho. Pero es que Margot tiene un carácter insoportable.
Yo quisiera casarme con Margot. Estoy enamorado de ella. ¿Usted me da permiso para visitarla aquí en la casa? Es que no quiero seguir viéndola en la calle...Viejo, no funcionó. Margot me dijo ayer que se quería divorciar. Mire que he hecho todo lo posible para que esto no se acabara, pero que va, ella tiene ese carácter. No se preocupe, yo cuido a mis hijos. Son mis muchachos. Y a usted siempre lo voy  a ver. Yo lo quiero mucho. Y como que está llorando de verdad. Ese siempre ha sido buena gente. 
Estoy cansado. Tengo sueño. Creo que me voy a dormir.
Dos para adelante y  uno para atrás. Dos para adelante y uno para atrás. Dos para adelan... ¿Por qué será que a los muertos los bailan tanto?  Debe ser porque no sienten. Cada vez que veo un entierro me acuerdo del disco de la Chunga. Ese que tocaba Pérez Prado y empezaba con un gritico. En el reverso de la caratula estaban marcados unos piececitos que indicaban la forma como bailarlo. Eran unos piececitos negros, igualito al baile del entierro: dos para adelante y uno para atrás. Dos para adelante y uno para atrás. Chunga la, la Chunga es un baile, Chunga la, la Chunga es un baile.
Bailes buenos los de esa época. No esta porquería que parece una loquera. ¿Te acuerdas Jackeline? Claro que te acuerdas. Uno empezaba bailando con Tito Rodriguez, para calentar los motores. Las muchachas se sentaban toditas junticas en fila, y frente a ellas nos parábamos nosotros. ¿Bailamos Señorita? Teníamos que lucirnos. De la primera pieza dependía todo. La cosa es sencilla, vale. Tu bailas la primera pieza con la que sea. Si no sabe bailar suéltala y baila tu solo. Así las. demás se dan cuenta que tu si sabes hacerlo. ¿ Bailamos Señorita?
Se reían con malicia. En los boleritos de Billo´s uno cogía aire y después cuando todo el mundo estaba empatao, empezaba Rumbas Solamente Rumbas. Manito pa bajo, deditos en el medio y listo. Ya hasta tenía el número del teléfono.
- Deja chico, que nos está viendo mi mamá.
- No importa.
- No bobo, a ti no te importa, pero a mí sí, después cuando llegue a la casa me regaña.
Ay, Jackeline. ¿ Donde andará ahora?  Lo último que supe fue que estaba viviendo en Cabimas, llenita de muchachos. ! Que ojos tan bellos tenía! 
Otra vez el bamboleo. Me voy a marear con tanta movedera.
-¿ Te acuerdas de Diciembre?
- Claro, quien no se va a acordar de Diciembre.
Apenas arrancaba el mes a patinar se ha dicho. Desde la mañana, ras, ras, como corríamos. Centauros con ruedas de acero que herían el macadam. Una vueltica y para atrás. ¿Tu sabes hacer el Mikey Mouse? Eso pasó. Ni el disco de Néstor Zavarce suena ya. Hasta triste se ponía uno. La vieja lloraba y que porque se acordaba de su mamá. Mi hermana, porque no le consentían el novio en la casa. Mi papá no lloraba. Que iba a llorar con esa tremenda pea que cogía desde las seis de la tarde. Yo nunca lloré. Lo mio era esperar las doce, comenzar la abrazadera y amanecer en la calle, para irme a la playa el primero de Enero. El tiempo pasa. Se hace uno viejo.
Otra vez la movedera, vale.
Y ahora como que voy a tener que meterme en ese carro. Eso es lo que no me gusta de los entierros: los carros fúnebres. Son pavosos.
Entierros... Entierros. Hay entierros de entierros. El más raro que recuerde haber visto fue en el Barrio Los Erasos, de San Bernardino. Todo un espectáculo. Primero salieron unos motorizados y como alma que llevaba el diablo vistieron la calle de cabriolas. Después salió el muerto. Viajaba en una urna marrón, que llevaba la tapa levantada y sobre el vidrio un paño rojo. Inició su bailoteo y una pareja de muchachos se pusieron a cada uno de los lados y empezaron a lanzar una pelota de basket, que rebotaba en la urna. Nadie estaba vestido de luto. Llevaron la caja hasta el carro fúnebre y la metieron y sacaron tres veces, con sus respectivos repiques de pelota. Después el carro se fue solo con el muerto. Nadie lloró. El cortejo se disolvió. ¿ Serían haitianos? No lo sé, pero mire que hay gente con costumbres raras.
Como hormigas, en caravana, bebiéndose la cinta negra de asfalto va la chorrera de carros negros, uno tras otro. No se paran en los semafaros para no romper la ordenada fila.
Llegamos. Menos mal.
Yo como que tengo hambre, pero con este olor a flor de muerto hasta ganas de vomitar me están dando.
Ahí viene el cura. ¿El responso estará incluido en los gastos de la funeraria? No creo, esos bichos siempre cobran aparte. Zamuros.
Señor, Dios. Padre celestial, tu le diste la vida y tú se la quitaste. Acógelo en tu seno y déjalo disfrutar de la paz duradera, gozando de tu augusta presencia. Hermanos, él no está muerto. Ha nacido a la vida eterna y por ello debemos alegrarnos todos. Y ahora recemos el Padre Nuestro. Padre Nuestro que...
Mira que cosa, como  bajan a los muertos. Se ponen cuatro tipos, dos por cada lado, pasan sendos mecates por debajo de la urna y pulsiaito la van bajando, le ponen unas placas de concreto arriba y las cubren de cemento.
Chas, chas, chas... nunca había oído el ruido que hace la tierra al caer sobre algo, pero ahora que no hay bulla lo siento clarito. No es desagradable. Aquí todo es distinto. Se está en calma.
Y José no llora. Desde hace dos días ese muchacho está con una cara mas larga que rollo de culebra. Ahora se acercó a la fosa, lanzó una flor y se quedó mirando la urna.
Ay José te va a hacer falta tu papá. Se acabaron las borracheras compartidas. ¿Te acuerdas de tu primera rasca? Tu viejo te llevaba a cuestas porque no podías ni caminar y tu ibas gritando: Policía, policía, aquí va el hombre de la Emulsión de Scott. Se fue el viejo José, de aquí en adelante el camino es solo.
¿Que pasó? Ya como que se fueron todos. Parece que no hay nadie. Si, se fueron. Y ahora que hago. Nada, a lo que vine: a descansar en paz.  EFO

jueves, 10 de mayo de 2018



COSAS...COSAS

Cada nuevo día que vivimos es un día que construimos de nuestro pasado. El pasado es una colcha de retazos. El pasado es una sucesión de hechos que nos llevaron al presente, que gravitan sobre nosotros, que están allí, que forman parte de la memoria, de la experiencia vivida, de situaciones que nunca olvidamos, sino que sencillamente preteremos, marginamos, dejamos de lado, las sacamos de circulación, o archivamos  porque  no nos convienen, o nos lastiman. El presente viene determinado por lo que hayamos hecho en el pasado. Nuestro hoy es hijo legitimo de nuestro ayer y será el padre de nuestro mañana. El pasado no se puede borrar. No nos es dado modifícarlo. En nuestro afán por cambiarlo lo reinventamos, adecuándolo a nuestros deseos, presentándolo como queremos que hubiera sido, ocultando lo indeseable. Pero eso es esfuerzo vano. Podemos maquillarlo, pero nunca cambiarlo, pues el pasado no es sujeto de transformación.
El pasado vive en el sotano de nuestra memoria. Yace en el fondo de nuestra conciencia. Coexiste con los fantasmas del olvido, que de vez en cuando se hacen presentes, se corporizan en nuestra mente obligándonos a revivir situaciones, enfrentándonos con hechos que considerábamos inexistentes, borrados. El pasado es un ente vivo que nace todos los días, que crece con los años, que la muerte no borra. El pasado es inmortal pues pervive en quienes compartieron momentos de nuestra vida. El pasado es individual, cada uno de nosotros tiene el suyo, pero también es colectivo, este está formado por los pasados de todos los que vivieron una época, un hecho, una circunstancia, un tiempo determinado. A ese pasado remoto, se le llama historia y al igual que nuestro pasado individual es suceptible a ser deformado, mitificado, reinventado a conveniencia de quien lo revive en el imaginario colectivo, pero dada su inmutabilidad esos cambios son cosméticos, temporales, nunca definitivos, pues el verdadero, el autentico pasado se mostrará tal y como fue cuando dejen de existir quienes pretendieron cambiarlo o ya no tengan sustento las circunstancias que determinaron su eventual modificación.
Lo que hacemos hoy, en el presente que vivimos, mañana será pasado. Eso que muchas veces consideramos intrascendente, rutinario, puede convertirse, con el paso de los días, en algo importante, decisivo, determinante en los hechos por venir. Vivir el presente es haber vivido el pasado y construir el futuro. Pasado, presente y futuro son espacios iguales de algo que llamamos tiempo  que no es mas que una sucesión de acontecimientos que se precipitan sobre nosotros segundo a segundo, hora tras hora, año por año. El tiempo es  una acumulación de sucesos que guardamos en estricto orden cronológico, pero que presentamos a nuestra conveniencia, seleccionado aquel que queremos evocar dependiendo de las circunstancias en que nos encontremos. El tiempo  nos orilla a la vera del camino, obligándonos a verlo pasar sin poder hacer nada para detener su caminar. El tiempo nos convierte en mudos espectadores de nuestra propia vida, manteniéndonos rehenes de nuestros propios actos, de nosotros mismos. El tiempo, como pasado, presente y futuro,  no existe pues podemos revivir en nuestra mente hechos del pasado, al tiempo que vivimos el presente e imaginamos el futuro. El tiempo es una ilusión, como es una ilusión nuestra vida y las ilusiones , son sueños, fantasías, cosas... cosas. EFO 

martes, 17 de abril de 2018




CLEPTOMANÍA


Hoy empecé con una nueva afición: robar. Para algunos es un delito, otros lo justifican aduciendo que cuando no queda otra opción es necesario. Y ese es mi caso. No robo por  vicio ni  por el placer de robar, o  de acumular cosas,  robo porque no puedo hacer nada mas, pues lo que hurto no está a la venta, no se puede adquirir,  no son bienes transables, valen tanto que no tienen precio. Ayer robé la noche. La encontré dormida en la arena de la playa. La recogí con ambas manos, teniendo cuidado de no estropear su manto, pero no pude evitar que varias estrellas cayeran al mar. Me tomó algún tiempo recuperálas y rehacer el manto pues lo tuve que bordar de nuevo. La enmarqué en mi ventana, para poder contemplarla cada vez que quiera.  Con la noche hay que ser avaro pues son muchos quienes la desean, por eso la cuido con celo. Cuando el día comienza a desgastar sus primeras horas  la guardo en lugar seguro hasta que muera la tarde, cuando vuelvo a exhibirla para seguir  disfrutando de su belleza. La noche es mía. Me pertenece.
Estoy a la caza de un pedazo de la tarde. Ya he visto algunos pero todavía no decido cual robar. Quizás me apropie del que linda con la noche, el  que tiene tonos claro oscuros y a veces se pinta de arreboles. Si,  creo que definitivamente robaré esa parte de la tarde moribunda, esa que llaman ocaso. Cuando la tenga la colgaré en una ventana cercana a la de la noche para así poder contemplar la transición.
Robar se ha convertido para mi, lo reconozco, en una adicción. Poco a poco me he ido transformando en un poseso soy, lo confieso, un ladrón consumado; diariamente salgo a recorrer el mundo buscando que robar.
Después de mucho acecharlo, logré apresar el viento. Lo sorprendí escondido en la cumbre de una montaña. Días atrás había hecho lo mismo con el frío. Metí a ambos en una redoma y logré su promesa de que no escaparían si los dejaba vagar con la noche. Ahora cada vez que abro la ventana siento un viento frío arropar los luceros.
Debo admitir que pese a que nunca me gustó el día, me estoy dejando subyugar por sus encantos. El día es como un gigantesco museo, que nos deslumbra con sus prodigios. Y ahora quiero adueñarme de sus maravillas, para en el paroxismo de mi egoísmo, ser su único dueño. Robaré cada caja de música que guardan en su interior los pájaros, cada color que exhiben con donaire las mariposas, cada perfume que exhalan las flores, los de todas las flores, incluyendo las de los caminos y las que viven en los cementerios. Me adueñaré del murmullo del río y de la multiplicación de las gotas de agua al chocar contra el pavimento, también del bramido del mar, cuando furioso lame las rocas de los acantilados y de las espinas que defienden a las rosas. Seré dueño de la cadencia de las olas, de la soledad de los bosques umbríos, del puente del arco iris,  de la mirada certera del águila, de los jardines que florecen bajo el mar, de la roja furia de los volcanes, de la paciencia del tigre al acecho y del temblor de miedo del animal acechado, de la perseverancia de las abejas,  de la lampara con que alumbran las luciérnagas, de la ingravidez de las medusas, de la frialdad de las serpientes y del arrastrar de los gusanos y cuando esté cansado de robar a la naturaleza, robaré a las mujeres.Tendré sus caprichos, sus risas equivocas, sus miradas lánguidas, sus andares cadenciosos, sus invitaciones a pecar, sus modosos ademanes, sus fingidas sonrisas, su desdeñosa altivez. Juntaré el brillo de sus ojos, la tersura de su piel, la sombrilla de sus pestañas, el grana de sus labios, la voluptuosidad de sus senos, el largo de sus piernas, las sinuosidades de su cintura, el laberinto de su mirada, sus gritos de angustia, los de dolor, los de alegría. Sus espasmos de placer, sus gemidos de rabia, el timbre de su voz. Al no tener más que  robarle a las mujeres secuestraré de los hombres los sentimientos, las pasiones, los odios, los amores, los dolores, la tristeza, el pecado, la vanidad, la indiferencia, las traiciones y los olvidos; y cuando lo tenga todo me robaré a mi mismo para que nada le pertenezca a nadie, para que nadie tenga nada, para empezar de nuevo, para que todo vuelva a ser como el principio, para que todo sea, renacido, revivido. Así, sobre el vacío total, construiremos un mundo nuevo donde no exista  pasado, ni presente, solo  un esperanzador futuro.  EFO.