sábado, 22 de septiembre de 2018



LOS EXTREMOS


Te vi alejar sin que hiciera ningún gesto para retenerte. En realidad quería que te fueras. Que salieras de mi ángulo de visión. Y cuando eso pasó, cuando ya dejé de verte, sentí una profunda tristeza. Recordé tus palabras que rebotaron sobre la piel de mi indiferencia. No era el mismo tono de tu voz, altanero, ofensivo, excluyente de hace algunos años. Ahora suplicabas, hablabas de perdón, de olvidar cosas, de volver a empezar. No te contesté. Te miré largo, profundo y tu, incapaz de sostener mi mirada, volteaste el rostro y te alejaste sin decir adiós. 
Siempre temí este momento. Te confieso que lo temía con la misma intensidad que lo deseaba. Intuía que algún día llegaría, que volverías arrepentida, golpeada, decepcionada, amargada a tratar de revivir lo pasado, lo que en algún momento nos unió.  Y ahora que llegó, no se si aborrecerlo o disfrutarlo. Ya no eres la misma. Sigues siendo bella, pero de tus ojos huyó la alegría. Lucen mustios, apagados, cansados de tanto llorar. Eres como una marioneta a la que se le rompió la cuerda y yace en el suelo, incapaz de levantarse, de volver a danzar, de volver a hacer reír. Yo tampoco soy el mismo. Todo el despecho, el resentimiento, el dolor que acumulé a lo largo de estos años despareció de repente, se esfumó. Ahora me siento vació, imposibilitado de disfrutar tu regreso, al que siempre consideré sería mi venganza, Ya no siento nada, ya nada me importa. Han sido muchas las noches en que vi cerrarse anillos de angustia en mi corazón para luego empozarse en mis ojos. Han sido muchos los días en que una mano invisible oprimió mis labios, obligandolos a tragarse mis voces. Con tu ausencia se abrió un parentesis  que ahora debo cerrar. Y ahora que todo terminó te confieso que me siento aliviado, es como si me hubiera desembarazado de un pesado fardo que oprimía mi espalda. Al fin me liberé de esa desazón, de esa sensación de desesperanza, de ansiedad que no me daba reposo, que minaba mi existencia. Al fin me libré de ti. Pero al contrarió de lo que siempre pensé no me siento feliz. Es como si  me faltara algo. Extraño tu ausencia. Esa misma ausencia que me obligaba a imaginar las mil y una formas de hacerte daño. De lastimarte, para que sufrieras lo mismo que sufría yo. No sabes cuantas veces, en mis desvarios, te imaginé disfrutando la felicidad que creía, me habías robado. No sabes cuantas veces juré vengarme, cuantas te maldije y con que intensidad te aborrecí. Y ahora que te has ido definitivamente, ahora que estoy seguro que nunca volverás, quisiera que nunca lo hubieras hecho, para poder seguir odiandote, pues sin eso, sin el placer de odiarte, ya no soy yo, sin mi dolor no me siento igual, no me encuentro, dentro de mi. Amor y odio son pasiones intensas, son placeres extremos.  Y mis extremos, pese a que me cueste reconocerlo, eres tu. Vuelve porque al irte te lo llevaste todo, te llevaste mi amor y mi odio... y tu también te fuiste . EFO


lunes, 17 de septiembre de 2018





ENTRE GUSTOS Y DESEOS



Me gusta haraganear de cara al sol, tendido  en la tierra, dejando que su calor convierta en pira mi cuerpo. Me gusta perder el tiempo conversando con la noche, hablando con la luna, contando las estrellas. Me gusta mirar el aleteo lejano de los pájaros en el cielo, envidiar su libertad, admirar su gracia al volar. Me gusta escuchar el bramido del mar. Ver como las olas chocan contra las rocas, despedazándose, convirtiéndose  en miles de gotas, para recomponerse y volver a chocar una y millones de veces más. Me gusta rondar los cementerios. Sentarme en sus bancos Visitar las tumbas, sentir el aroma de sus flores, disfrutar su silencio, hacerle compañía a los muertos.
A veces quisiera ser un perro errabundo, realengo, sin amo y sin correa para andar por los caminos, escalar montañas, descender a los valles, o una hormiga más de la larga caravana que, en ordenada  fila,  va al bosque a cortar hojas. Quisiera ser una abeja cualquiera para vivir entre las flores, cumpliendo mi obligada labor, recolectando polen para transmutarlo en dorado néctar. Yo quisiera ser un plateado pez de esos que surcan  veloces el agua semejando saetas de acero; de esos que habitan todos los mares,  todos los ríos; de esos que no tienen obligación alguna, que no le pertenecen a nadie, que no son nadie, sino ellos mismos. 
Me gusta ver caer la lluvia. Sentir su repiquetear en los tejados. Mirar como se desliza, formando láminas de agua, que van cubriendo todo. Me gusta la lluvia porque es una intrusa que viola todas los espacios, que no pide permiso para entrar. La lluvia es atrevida, osada, altanera. Me gusta el frío, me complace sentir como eriza mi piel.  El frío es  un manto que te tapa, pero no te cobija, no te protege, te arropa pero no te cubre. Es un invasor que poco a poco se posesiona de ti hasta ocuparte totalmente. Me gusta el viento, compartir  su furia, cuando convertido en vendaval azota sin piedad o sentir su suavidad, cuando convertido en brisa acaricia sin reposo. Me gusta la tarde cuando muere. Verla pintarse de colores para poco a poco ir fundiéndolos  hasta convertirlos en la suma de todos ellos: el negro. La tarde es una devoradora de matices, es una acuarela viva que muestra la belleza de sus tonalidades en su diaria danza con el tiempo.
Quisiera ser una mata de hierba para extenderme por todo el mundo, cruzar todos los caminos sin fronteras que me limiten, sin vallas que me detengan; para poder viajar sin pasaporte, sin visa, sin ninguna restricción. Ser universal, total, global.
Yo quisiera ser un grano de trigo para germinar, convertirme en otra cosa, crecer, frutificar y darle vida a otros seres, alimentar a muchos, servirle a todos. Quisiera ser el fuego, para alumbrar las noches, quemar con mi contacto, bailar al impulso del viento prisionero de la hoguera, adoptar mil formas, contorsionárme, multiplicarme, extinguirme  y renacer. Quisiera ser una flor para encerrar un dulce perfume y en delicado parto dejarlo escapar, salir, contagiando todo con su olor, plenando cualquier espacio, llenado cualquier ámbito. Quisiera ser una melodía, compuesta por cientos de notas, para rozar todos los oídos, llegar a todas partes, anidar en todos los corazones, despertar todos los sentidos hacer reír, llorar, gritar, gemir. Quisiera ser una hoja de otoño para liberarme de la prisión del árbol y en armonioso ballet, girar, subir, caer y quedarme quieta en el suelo para luego volver a empezar.
Me gusta que me guste todo eso. Quisiera no dejar de querer ser todo eso.  EFO



miércoles, 12 de septiembre de 2018




IDEAS, SOLO IDEAS


La hierba es una alfombra, de diversas texturas, que Dios extendió por la tierra para que amortiguara sus pasos y los hombres no sintiéramos su caminar, cuando deambulara entre nosotros.
Las nubes son un gigantesco e intrincado laberinto de algodón, fabricado  en el cielo, para dificultarnos hallar el camino que nos conduzca al Paraíso.
Cada día que amanece es uno más y uno menos en nuestra vida. Con cada día vivimos y morimos un poco, atrapados en esa paradoja que llamamos tiempo.
La luna es un tatuaje en la piel de la noche. Es una marca indeleble que muta su forma, repitiendo su diseño.
Luz y sombra son figuras antagónicas pero unidas en forma y fondo. Una no puede existir sin la otra, pues son consecuencias de un mismo acto.
Espacio y tiempo pareciera que se diferencian pero en realidad son una misma cosa. El espacio no existe si no hay un tiempo que lo encierre y el tiempo solo puede prevalecer habitando un espacio.
El pecado no es mas que una forma de transgredir las normas. Y las normas son reglas, códigos de conducta impuestos por cada uno para su propia observancia y la de otros. Pecar es entonces un acto de rebeldía.
Cada día y también cada noche la muerte visita sus apriscos. Tenebrosa, funambulesca siega con su guadaña lo que Dios sembró. La muerte es desesperadamente igualitaria.
El deseo es algo muy personal. Se desea lo que no se tiene, lo que se quiere tener. Cada quien tiene sus propios deseos y los siente de una manera particular, intima, propia. 
El miedo es temor a lo que imaginamos, a lo que pensamos nos va a suceder. Se teme a lo desconocido. Se teme a lo conocido.
¿Amor y odio son extremos? ¿O son lo mismo desde distintos puntos de vista?  Ambos son pasiones... solo pasiones.
La lluvia es un manto húmedo que  borra las huellas, equivoca los pasos, confunde los caminos. Su misión es perdernos.
La música es el sistema de medición perfecto. Nos da dimensiones de alto, bajo, ancho, grave, agudo, suave, lento, rápido. La música es todo, o mejor: todo se expresa a través de la música.
El mar es un piélago de angustia. Un pozo de desesperanza. Una inmensidad de llanto. Un abismo insondable, negro, profundo, engañoso, habitado por seres desconocidos, inamistosos, beligerantes, hostiles.
El viento es un dios multiforme, que a veces es iracundo y otras benévolo. Es brisa que acaricia o vendaval que azota. El viento es el transporte de los sueños... y de las pesadillas.
La noche es una capa de sombras superpuestas que ocultan, mimetizan, disfrazan, esconden todo. La noche es un velo negro que nos cubre, que se mete por la boca, que ocupa los oídos, que nubla los ojos.
El amor es una sensación extraña que nos idiotiza, que potencia los sentidos, que nos ilusiona, que nos duele. El amor es una enfermedad que nos contagia otro ser enfermo. 
La vida es un breve espacio de tiempo, o un pequeño tiempo en el espacio. EFO







lunes, 3 de septiembre de 2018





CARTA A UNA DESCONOCIDA


Desconocida amiga:

Hoy, al igual que todos los días, desde que tuve la suerte de compartir con usted un transito fugaz atrapados entre cuatro estaciones del Metro me encuentro  en la esquina próxima a su casa, esa marcada con el número 59 de la calle Colúmbia, de nuestra común parroquia Asunción.  Se que vive allí porque he seguido sus apurados pasos, desde el andén del subterráneo donde termina su diario viaje. No piense, por favor, no lo haga, que la espío con aviesas intenciones. Nada avieso puede ocurrirseme y si por alguna circunstancia así fuese bastaría con un pequeño ademán suyo para desarticular cualquier plan oscuro que insensatamente  pudiese haber concebido.
Hoy, se ha retrasado casi 30 minutos en llegar a la cita que unilateralmente, acordamos. Por mi no se preocupe. Estoy acostumbrado a esperar. Se pudiera decir que lo he hecho toda mi vida, o casi toda para ser más exacto. Pero pienso que valió la pena aguardar pues hoy, inadvertidamente, dejó que sus ojos se posaran en mi por un breve espacio de tiempo. Breve, para usted, pero eterno para mi. Sentí como si de repente se hubieran abierto las compuertas del cielo y todo a mi alrededor se hubiese iluminado. Y pensándolo bien, así fue. Todo se iluminó. Es increíble como un gesto tan pequeño, casi insignificante, y hasta trivial, puede producir efectos tan demoledores, porque eso fue exactamente lo que pasó: su mirada me demolió.
La vi alejarse y pese a desearlo intensamente fui incapaz de esbozar siquiera una sonrisa de agradecimiento. No pude, me quedé petrificado, así de grande fue el impacto que me causó su repentina mirada.
De regreso a casa he inventariado todos y cada uno de los hechos que el azar o la necesidad han producido entre nosotros y he llegado a la conclusión que me conoce, aunque no de trato y comunicación, pero  si de vista y pienso eso porque creo haber percibido en algunas ocasiones cierta inquietud; cuando pasa cerca de mi, siento que acelera el paso, respira agitadamente, se sonroja y una que otra vez, disimuladamente, ha volteado el rostro. Francamente me es imposible pensar que no haya notado mi presencia, dada mi persistencia en estar, aunque lejos, cerca de usted. Con eso me conformo, con creer  que ya sabe que existo y que además presiente que mi existencia está subordinada a una sonrisa, a una mirada, a un visaje de su cara, a una sola de sus palabras. Por cierto hasta ayer supe como era el tono de su voz. Quizás no lo recuerde pero usted llamó a alguien a quien identificó como María. Textualmente le dijo: María, espérame. ¡Dios!... fue como si un coro de ángeles cantara solo para mi. Que hermoso es el timbre de su voz. Su voz es dulce, musical, armoniosa. Me siento bendecido por haberla escuchado. 
Después de mucho pensarlo he decidido abordarla, salir de este forzado anonimato, pero no encuentro la forma de hacerlo, o mejor dicho, no reúno el valor suficiente para ello. Créame que he ensayado diversas maneras pero aún no he definido cual sería la más acertada, la que menos impresión le cause, la que  no rechace. Quería hacerlo hoy, pero ya ve, usted pasó, como todas las tardes, cerca de mi y no fui capaz de hablarle. Quizás lo haga mañana... pero mañana puede no ser nunca. Mañana es tan solo un adverbio de tiempo.
Al verla me pregunto como es posible que una sola persona pueda acaparar la mayoría de los adjetivos que califican lo bello. Porque así es usted: bella de píes a cabeza. Su cara, es un poema, su piel brilla, su cabello, cabalga sobre el viento, lanzando dorados reflejos, sus ojos destellan y sus labios prometen un beso que desde aquí luce como el único, el mejor, el  más maravilloso beso de todos los besos. Si, definitivamente estoy enamorado y como ya le dije solo espero el momento de poder comunicarle lo que siento, solo que hay un problema, un pequeño problema: no se su nombre, pero no dejaré que ese inconveniente nos separe. Le prometo que pronto, más pronto de lo que imagina, lo averiguaré y cuando lo sepa, entonces, y solo entonces, me atreveré, mientras tanto seguiré siendo una sombra, un fantasma...su sombra, su fantasma.  EFO.








CARTA A UN DESCONOCIDO



Apreciado fantasma:

Albertíco, el hijo de María la vecina, a quien sobornó con la promesa de una chupeta, me entregó su carta. Le confieso que he notado su presencia. Al principio con curiosidad, después con interés y ahora, con emoción y un poquito de temor pues no estoy segura de responder a las expectativas que se ha formado acerca de mi.  Mi nombre es Victoria, pero todos me llaman Vicky.  Ahora que  lo sabe espero cumpla lo prometido, se decida a hablarme y deje de ser mi sombra... mi fantasma.

PD.
Le dije a Albertíco que usted le daría dos chupetas, una por entregarme su carta y la otra por llevarle la mía. EFO

sábado, 1 de septiembre de 2018




CARTA A UNA CONOCIDA



Querida amiga:

Hoy siento la necesidad de escribirte, de contarte algunas cosas que se intuyes, sino conoces ya. Decirte esto me resulta difícil, muy difícil, pues temo marcar un indeseable distanciamiento entre nosotros, pero hoy la urgencia se ha vuelto insoportable y por más que lo intento no puedo contenerme. Amiga, estoy enamorado. Si, loca e irremisiblemente enamorado, perdidamente enamorado
Me ha cautivado un ser increíble al que veo a diario, al que saludo con un beso en la mejilla y un abrazo fraterno. Me ha subyugado esa forma tan suya de autorizar a su mirada que resbale sobre mi, escrutándome, adivinándome, autopsiándome. Me gusta el parpadeo de sus ojos, como los abre y cierra, como permite que el velo de sus pestañas los cubra totalmente, por breves segundos, para después  mostrarlos en toda su belleza. Estoy prendado de su forma de caminar, despacito, como contando los pasos, permitiendo que sus pies gobiernen sus caderas, imprimiéndole un movimiento rítmico, sinuoso, elástico, gatuno. Me encanta el juego de sus labios cuando muerden su sonrisa. Los entreabre, enseñando sus dientes blanquísimos, para luego cerrarlos, tragándose la risa, paladeándola, degustándola. Sus manos son tan expresivas como su cara. Revolotean al conjuro de sus palabras. Suben, bajan, se pliegan, se abren, señalan, ocultan. Me fascina la lucha de su cabello contra el viento. La manera en que el aire lo trabaja, configurando mil formas al hacerlo ondear sobre su frente. Me agrada ese mechón rebelde que inútilmente acomoda una y mil veces. Me apasiona ver como las gotas de agua hacen nidos en su cuello para luego precipitarse a la hondura de sus pechos. Me embriaga el tono de su voz. Esa vocecita ronca que a veces parece que suplica y otras que ordena. Particularmente me enloquece  su nariz, es respingadita, como la de un ratoncito y se abre ansiosa, buscando aire cuando la rabia le emponzoña el alma.
No quiero hablar de sus senos pues ya perdí la cuenta de las veces que quise dormirme acunado entre ellos, rodeado por sus brazos que se cálidos. No quiero ni pensar en sus piernas, que lucen largas, flexibles, duras, bellas, cuando caminando se aleja. No puedes imaginar como deseo amarrar mis manos al vórtice de su cintura para anidarme en su viente y desde allí, en loca carrera, alcanzar la gloria.
Me perturba su olor. Ella huele a mujer. A hembra ansiosa, lasciva, pero también huele a flores, a grama recién cortada,  a tierra mojada. Ella es la suma de todas las cosas que siempre quise tener y no tengo. Ella es más que un deseo, una ilusión, un sueño. Ella es algo que me luce inalcanzable por ser muy próxima, muy cercana.
Quizás ya sabrás de quien te hablo, pues tu la conoces, la conoces mejor que a cualquier otra y es por eso que me atrevo a pedirte que hables con ella, que le cuentes lo que te digo, que le preguntes si también ella siente ser algo más que mi amiga. Búscala. La encontrarás en el reflejo que te devuelve el espejo cada vez que en el te miras...  EFO.

jueves, 30 de agosto de 2018






CARTA A UN CONOCIDO



Querido amigo:

No se que decirte. Solo se me ocurre que eres un mentiroso. Seguí tu consejo y me asomé al espejo y la imagen que me devolvió no se corresponde en nada con lo que dices que soy. Hace ya cuatro días que recibí tu carta y no salgo de mi asombro. Te explico: nunca  imaginé que pudiera haber despertado en ti ese sentimiento, que me luce profundo y sincero, aunque, te confieso, también he pensado que se puede tratar de un capricho. No se. Ahora no estoy segura de nada. Ni de mi misma.  Por tu culpa me estoy volviendo narcisista. No dejo de mirarme en el espejo. Abro y cierro los ojos. No son tan bellos. Son bonitos. Todo el mundo me lo dice, pero no tanto. Exageras. Si es verdad que camino despacio, pero nunca imaginé que alguien pensaría que lo hacía para darle movimientos sensuales, gatunos ( me gusta mucho eso de gatuno) a mi caminar. Esa siempre ha sido mi manera de hacerlo. Es algo natural. Y si, me gusta reír, tu lo sabes, pero ¿estás seguro que paladeo,que degusto la risa? ¿ A que sabrá? Te prometo que la próxima vez que  ría lo voy a hacer con sumo cuidado. A lo  mejor descubro su sabor. Claro que tengo nariz de ratón, pero eso más que un atributo siempre lo he considerado un defecto. También el tono de mi voz es algo ronco, ronquita dices tu, y no ordeno ni suplico, yo toda la vida he hablado así. Y dale con el mechón. Es que no hay forma ni manera que se quede quieto. ¡Que fastidio!. Me tapa los ojos y me hace cosquillas en la cara. 
Lo demás no lo comento. Me da verguenza. Lo que pienso sobre eso me lo reservo, pero sólo te diré que cada vez que estoy cerca de ti, te miro a los ojos, o escucho tu voz siento una cosa rara. Es una sensación de angustia, de opresión, que me asusta, pero que me gusta sentir. Hasta ahora no sabía exactamente que me pasaba, aunque lo presentía. Después de leerte he encontrado respuestas a muchas de las interrogantes que me formulaba. Y te confieso: me da miedo. Tengo miedo de saber más. De pensar mas. De sentir mas.  
Te voy a decir algo y es lo último que diré: No hay nada inalcanzable. Si lo se yo que todas las noches araño el cielo buscando estrellas pérdidas para llevarlas a dormir conmigo. Y las ilusiones, los deseos, los sueños, algunas veces, se vuelven realidad. Basta desearlo... desearlo fervientemente.  EFO