MI NIÑEZ
Mi niñez es un recuerdo vago. Un sueño ya soñado. Una fecha en el tiempo. Un pasado remoto. Un paso dado. Una jornada agotada. Una ilusión asomada. Mi niñez son unos zapatos Rex. Un autobús amarillo y rojo. Un gato negro, siempre mordelón. Una visión inusitada del abuelo. Una escuela aborrecida. Una pelea no ganada Una novia vedada a los placeres. Un perezoso despertar. Una ingenuidad perdida. Un asombro diario. Una confianza grosera. Un boleto de ida. Una realidad falsa. Un trencito gris cargado de vagones. Mi niñez es un mundo de sotanas y cruces que no quería. Un padre a ratos. Una madre omnipresente. La seguridad de saber que nada era seguro. Un tío rico, bueno, generoso. Un tío borracho, tarambana, loco. Dos abuelas tan distintas. Un diablo que me perseguía. Un Díos que me protegía. Una hermana con quien crecer. Unos amigos para jugar. Pocos en quien confiar. La magia blanquinegra de una televisión prestada. Un mundo atosigante de números odiosos que no entendía. Un siempre gratificante universo de cuentos que disfrutaba. Un olor penetrante de Jean Marie Farina. Un blanco inmaculado de Crema C de Ponds. Las esperadas navidades. Las odiadas Semanas Santas. El claustro del internado. La libertad del cerro. La melodiosa voz de la maestra. La vengadora palmeta de la inquisición escolar. Las radionovelas de mamá en su radiecito rojo, marca Zenit. La asquerosa sopa de espinacas. Las obligadas misas del domingo. Un chocar de metras prisioneras en los bolsillos. Un artilugio de hierro llamado bicicleta. Una avasallante ausencia de casi todo lo material. Una exuberante abundancia de sueños. Un papagayo abrochado al viento. El furioso zumbido de un trompo azul. La seguridad de un arma llamada china. Mi niñez fueron tardes espiando el caminar de las nubes, el aleteo lejano de los zamuros. Silencios profundos. Preguntas sin respuestas. Juegos compartidos. Juegos solitarios. El barrio donde crecí. El despertar a los sentidos. Mis primeros rencores, Mis primeros amores. El susto de un viaje hacia adentro que tendría que hacer obligadamente solo. La visión de un mañana que siempre lucía incierto. Mi niñez fue un cúmulo de sentimientos encontrados. De muchos no y pocos si. Fue un espacio que rellené a cuatro manos, las dos mías y las otras dos de alguien que siempre estaba allí, así no fuera siempre el mismo. Pasé por ella cabalgando en el caballo de madera de mi propia realidad, y así, cabalgando, la abandoné. EFO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario